Astro rojo

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Lucie de Bélancourt
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MensajeTema: Interpretativo   Mar Abr 24, 2007 6:29 pm

El dios Helios en su eterno recorrido se pone en marcha en este 19 de noviembre del año (¿de gracia?) de 1922, dejando tras de sí la luz del día que despierta y pone en marcha la bulliciosa actividad de los seres humanos que, cual hormigas insignificantes se afanan en sus tareas diarias.
El carro del dios con cabellos de fuego se detiene primero a orillas del Moldava, en la bella y enigmática Praga, cuna de la alquimia medieval.
Martín, Bohumil y Daphne se levantan aquella mañana dispuestos a enfrentarse o a disfrutar de un nuevo día de vida, descubriendo nuevos misterios a la faz del mundo o simplemente disfrutando del olor tan peculiar de tiempos pasados.

El carruaje de la deidad solar prosigue con su peculiar recorrido dirigiéndose hacia el hexágono, la siempre orgullosa nación francesa, deteniendo su camino en Rouen en donde François se encontraba sumergido en un profundo sueño reparador, preparando su cuerpo el necesario acopio de fuerzas para disfrutar de un nuevo día bajo el frío sol otoñal normando.

A apenas unos kilómetros de distancia, tras la banda marítima conformada por el canal de la mancha, las islas británicas emergen jactanciosas ante un nuevo amanecer.
El sol surge brillante pero débil en la prestigiosa institución universitaria inglesa de Cambridge mientras una túpida niebla cubre la ciudad portuaria de Plymouth.
Cornel y Cicerón se preparan para una nueva jornada de docencia, experimentos o trabajo de gabinete para la que el arqueólogo contará con la ayuda inestimable de su colaboradora Mariane que se dispone a dirimir su vida entre sus diferente actividades. Una ansiada vida común...

Vidas comunes, vidas llanas, vidas frecuentes, vidas normales, vidas tranquilas se despiertan ante un nuevo día en esta década de progreso, libertades e ilusoria paz.

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LIBERTAD PARA EL PUEBLO ENANO! DEJEMOSLES VOLVER A SU HABITAT NATURAL: LOS BOSQUES!
ROMPAMOS CON SU ESCLAVITUD SON NUESTROS IGUALES! NO TIENEN PORQUE ESTAR GUARDANDO LOS JARDINES HUMANOS, MERECEN SER LIBRES!!!!!!
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Última edición por el Lun Mayo 14, 2007 5:45 pm, editado 1 vez
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Abdul Al Hazrad
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Miér Abr 25, 2007 2:40 am

Abrió los ojos, se había quedado dormido. La luz del sol entraba por una única y pequeña ventana, iluminando aquel ático añejo.

Bohumil bostezó, y acto seguido comenzó a estornudar descontroládamente, al aspirar el polvo de la habitación. Tras el último estronudo, volvió su atención al lugar en donde estaba. Era el ático del caserón de los Zimmerman, el cual se creía embrujado, la chusma decía que por la noche se oían ruidos de cosas arrastándose, y lamentos.

"¿Qué es ésto?" se preguntó Bohumil dirigiendo su mirada a la mesa en donde se había quedado dormido. -¡Ectoplasma!-exclamó al ver un pequeño charco sobre la superficie.

Resopló frustrado al comprobar que el ectoplasma sólo era su propia saliva; había babeado la tabla al quedarse dormido.

Recogió su equipo, una miríada de extraños aparatos electromecánicos que medían la más insólita gama de radiaciones, unos tomos de cubiertas gastada, su libreta de notas, y bajó por la estrecha escalera del ático, para luego descender hasta la sala principal de la casa, en donde la familia estaba desayunando. Junto a ellos, estaba su abuelo, David, el Rabino que solía aconsejar a los Zimmerman.

-Ah, olvidé decirle, su nieto vino a visitarnos, nos pidió que le permitiéramos pasar la noche en nuestro ático. Ya conoce los rumoresque circulan sobre nuestra casa.- Dijo el patriarca de los Zimmerman.

-¡Yo no tengo nieto!- Exclamó el Rabino, dirijiéndole una mirada de desprecio a Bohumil.

-Vamos abuelo, no empieces.-
Replicó el parapsicólogo.

-¡Yo no empiezo nada! Yo le dije a tu padre, le das demasiadas libertades, pero nooo, el no escuchó. Él nunca escucha, es por eso que ahora tengo este loco como nieto. Deberías haber visto lo difícil que fue circuncidarte, te sacudías como un endemoniado. Te enseñé desde pequeño como ser un buen judío, sin embargo lo echaste todo por la borda. ¿Podrían creer que éste delirante hasta consideró la posibilidad de volverse budista?- Preguntó retóricamente a los Zimmerman, que se quedaron sin palabras ante la discución familiar. -¡Budista! ¿qué clase de culto es ese? Cristiano, podría haberlo tolerado, pero no, debía elegir una religión que ni siquiera tiene un dios. ¿Por qué no agarras ese cuchillo y me arrancas el corazón aquí mismo como lo hacen en la India?- Dijo casi sin respirar el Rabino, mientras señalaba la vajilla dispuesta en la mesa.

-Nadie hace eso en la India, abuelo.-
Dijo Bohumil.

-Pero ya lo harán, y cuando te suceda, recordarás las palabras de tu abue...-

Bohumil no se quedó para oir el final de la frase del Rabino. Se fue de la casa negando con la cabeza, su abuelo jamás entendería su profesión.

Volvió a su oficina, laboratorio, habitación. Todo eso era la modesta pero confortable casa que tenía en las cercanías de la universidad de Praga. No era un lugar muy ámplio, ya que se encontraba en una esquina, pero contaba con tres plantas y un sótano, cada uno de los niveles cumplía una función.

En la planta baja llevaba a cabo sus experimentos y estudios, un lugar repleto de objetos de arte ritual traídos de remotas partes del globo, tomos añejos y partes de animales... y hombres, muertos ya hace tiempo y conservados de las más diversas formas. Un incensario de tamaño considerable colgaba del techo, humeando la fragancia que refrescaba el ambiente.

En la segunda planta se encontraba la cocina y el baño, y en la tercer y última planta, que era en realidad un ámplio ático ambientado para servir de recámara, era donde descansaba. Una cama, un ropero y varias pilas de libros que brotaban del suelo eran todo el mobiliario de la habitación.

Revisó su libreta, que hacía las veces de agenda. Al mediodía debía reunirse con Vratislav, luego de recoger un paquete para él en la universidad, por la tarde, iba a tomar el té con Vasily, el hijo de un noble menor de la región, que era su contacto en las altas esferas de la ciudad. El mesenazgo era fundamental para poder solventar sus estudios e investigaciones.

Tenía un día atareado por delante. Se dió una ducha y salió con su bicicleta hacia la universidad.

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Nirnaeth Arnoediad
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Miér Abr 25, 2007 9:57 pm

- “¿Qué hora es?, ¿dónde estoy?, ¿Mireille?…

Cornel miró alrededor, la luz estaba encendida apagada, pero el traqueteo incesante de los aparatos no dejaba lugar a dudas, había vuelto a pasar la noche en el laboratorio, la verdad es que dormía más veces allí que en su propia casa. Le extrañó que la luz estuviera apagada y todas las contraventanas cerradas.

Intentó recordar que había pasado la noche anterior, recordaba estar en el laboratorio, trabajando en la vacuna contra la Corynebacterium diphtheriae que causaba la difteria, había tenido un éxito relativo los últimos meses, gracias al cual la universidad pasaba por alto su modo de vida. Recordaba como lo felicitaban y animaban a conseguir una vacuna contra una enfermedad que afectaba a cerca de cien mil británicos todos los años, y mataba a miles de ellos… pero en realidad eso a él no le importaba, no se pasaba el día en el laboratorio por esa gente, sino por sí mismo, por vencer algo que se suponía que no se puede vencer, por vencer a Dios…

Siguió esforzándose por recordar… “Estaba inoculando células de vaca..." pero después de eso, nada, el vacío, tampoco se sorprendió, cuando se desesperaba demasiado siempre recurría a algún tipo de sustancia, había desarrollado diversos aditivos para la cocaína, de manera que pudiera tomarse un respiro, que pudiera volver con Mireille por unas horas.

Intentó despabilarse, pero aún estaba algo aturdido, encendió una luz (prefería la luz artificial a la natural) y intentó recordar que día era, pero, como siempre, tampoco se acordaba, abrió su agenda y vio que tenía varias reuniones con alumnos, esperaba despacharlas pronto, no le gustaba tener que atender a la gente, le hacía perder el tiempo, y tenía un trabajo que hacer, aunque no supiera muy bien para qué…
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E. Peregrin
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Jue Abr 26, 2007 2:06 am

Un coche rodaba por la desierta carretera de Rouen a París dejando tras de sí una estela de polvo, el motor Dausenberg rugiendo bajo la carrocería de un Peugeot 201.

Le había costado más de 8000 dólares traer aquel coche de Estados Unidos, y unos 14000 francos adaptarle una carrocería para que no llamara mucho la atención, pero había valido la pena sobradamente.

Aquel día, corriendo a más de 140 km/h, estaba a punto de batir su propio record personal (y estaba seguro de que habría sido un record absoluto de haber algún modo de comprobarlo): de su casa a St. Honoré en una hora y veinticinco minutos.

En el maletero, un Pissarro que debía de ser entregado puntualmente a las ocho y media, y que le había costado cuatro meses de trabajo conseguir, La calle Saint-Honoré después del mediodía, un género algo más moderno del que solía trabajar, pero no por ello menos rentable.

El coche se detuvo frente a la puerta de su destino, y François, pulcramente vestido con un traje de tres piezas color hueso consultó su reloj con una sonrisa de satisfacción. Aun le sobraban tres minutos.

Pacientemente, esperó apoyado en el coche a que pasaran cinco minutos, pues hubiera sido una descortesía por su parte presentarse en casa de su cliente antes de la hora convenida.

Llegado el momento, sacó del maletero el lienzo envuelto en tela, con el mayor de los cuidados, y caminando hasta la puerta tocó por tres veces el bruñido llamador de bronce –detestaba el sonido de esos modernos timbres eléctricos- y esperó a que el mayordomo abriera.

-Buenos días. Por favor, informe a monsieur Poincaré de que François Toulour ha llegado –dijo antes de darle tiempo a preguntar qué lo traía por allí a aquellas horas de la mañana.

Unos segundos más tarde lo hicieron pasar a un despacho, al que llegó su anfitrión pasados un par de minutos en los que tuvo tiempo, como ya había hecho otras veces, de observar la decoración de aquella mansión.

No era en absoluto recargada, apenas tres cuadros y cinco fotos anecdóticas, pero más vale calidad que cantidad, y aquellos tres cuadros, al igual que otros muchos de la casa, y el que en aquel momento tenía bajo el brazo, eran piezas de las que se enorgullecería cualquier museo en el mundo.

-Tan puntual como siempre, monsieur Toulour –si sentía alguna emoción por la adquisición que estaba apunto de realizar, no lo demostraba en absoluto. Aquel hombre, anciano pero enérgico, aun conservaba sus aptitudes políticas.

-Me pareció cruel hacerle esperar más, sabiendo que lo tenía ya en mi poder –cogiendo el cuadro como un padre cogería a su hijo recién nacido, Francçois lo depositó en la mesa, retirando parte de la tela que lo protegía-. Me ha costado mucho tiempo y esfuerzo hacerme con él, pero creo que coincidirá conmigo en que ha valido la pena.

La arrugada mano de su anfitrión se deslizó por el lienzo, acariciándolo con un ligero temblor.

-Desde luego… -su mirada estaba perdida en las pinceladas con las que Pissarro había inmortalizado la misma calle en la que se encontraba aquella casa, treinta años atrás.

Françoise esperó, guardando un respetuoso silencio, mientras el ex-presidente de la República Francesa admiraba aquella magnífica obra. Aquel era otro de los trabajos que formaban la piedra angular de su forma de vida, pero que no salían nunca a la luz. Para el común de los franceses era simplemente un marchante de arte bien relacionado.

Raymond Poincaré alzó la vista del lienzo para fijarla en los ojos azules de François. Era uno de sus mejores y más asiduos clientes, y lo conocía lo suficiente como para saber que abordaría el tema del pago por voluntad propia.

-Encargaré el marco ahora mismo. Hice los diseños hace semanas –su sonrisa era radiante- En cuanto a sus honorarios…

-Serán doscientos setenta mil francos, incluida mi comisión, como siempre –dijo, y esta vez fueron sus ojos los que se posaron sobre el lienzo, con un leve brillo de arrepentimiento. Habría deseado quedárselo para él, pero ni podía permitirse aquella obscena suma de dinero ni el desaire a Poincaré.

El anciano se dirigió hacia el escritorio y sacó un talonario de uno de los cajones. Sacando una hermosa pluma dorada de su bolsillo escribió la suma en la primera hoja y firmó de un solo golpe, sin la más mínima sombra de duda, sin un temblor. Con decisión arrancó el pedazo de papel y se lo tendió a François.

-Me gustaría invitarlo a cenar para celebrar su éxito… ¿Qué le parece a las seis y media en Maxim’s?

-Sabe que no puedo negarme. Estaré allí puntualmente y brindaremos por su nueva adquisición.

-De eso no me cabe la menor duda –el anciano miró un reloj de pie situado frente al escritorio-. Ahora si me disculpa tengo otros asuntos que atender esta mañana –dijo mientras comenzaba a caminar hacia la entrada de la habitación.

François caminó delante de él hasta llegar al zaguán de la casa, momento en el que se detuvo y se dio la vuelta para despedirse.

-Hasta la noche, pues. Y enhorabuena de nuevo.

Salió de allí con una amplia sonrisa en los labios, y se montó en el coche para ir a ingresar aquel talón. Después le escribiría unas líneas a Karinne para que lo acompañara en la cena y haría tiempo dando un paseo antes de almorzar en La Paix.

Lo peor que podía pasarle era que Karinne no puediera acompañarlo, ya que si bien por norma general disfrutaba de la compañía del viejo político, en este tipo de ocasiones podía resultar algo cargante.

Aun así iba con la tranquilidad de que la cuenta no la pagaba él, y que después de aquello podría permitirse algunos meses de merecidas vacaciones.
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Taris De Monte Verdi
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Sáb Abr 28, 2007 10:44 pm

Marianne despertó tras ese raro sueño, había visto a su padre y a su hermano mayor de una forma un tanto... rara...

Los detalles exactos no los tenía, pero algo tenía que ver una oscuridad que estaba en casa...

Bostezó levemente mientras miraba a su alrededor y se levantaba, aún extrañaba la cama que tenía en casa de sus padres, pero ya no faltaba mucho para regresar, el reloj marcaba las 5:30, así que se levantó y fue a ducharse primero.

Tras estar bajo el agua el tiempo necesario, salió, se colocó las ropas para el "trabajo principal" como le llamaba y fue directa al despacho... aún tenía expedientes por revisar, demandas por elaborar y escritos a los que debía prestarle toda su atención antes de llegar al trabajo "secundario".

Llegar y mirar el lugar solitario la hizo sonreírse, eran 6:30 de la mañana, los demás tardarían mucho en llegar, así que disponía del tiempo suficiente para hacer lo suyo antes de que la saturaran con llamadas y escritos que firmar.

Sentóse en su despacho y tomó el expediente de Hinnings... esperaba pronto solucionar su conflicto, lo abrió en el capítulo de excepciones y defensas y empezó a leerlo concienzudamente, haciendo anotaciones en una libreta...

Cuando su secretaria le pasó el primer escrito, llevaba ya cinco hojas de las cuales esperaba sacar buenos resultados, además de que la rejilla de los escritos, como le llamaba, estaba llena de éstos... estudió el escrito que su secretaria le pasara concienzudamente tras el cual firmó, se echó atrás en el asiento y se quitó los lentes para cerrar los ojos y reposar un instante.

- Nanda - susurró - tráeme un café, cargado, sin azúcar.

La secretaria asintió, cinco minutos después, Marianne no sólo estaba ya en una junta con sus compañeros, sino que bebía el café asintiendo o negando, refutando o aceptando... tenían que coordinarse y ella no podía atender a los clientes en la tarde, por su "secundario", así que empezaron a discutir sobre quién atendía a quién y los horarios, apuntándolo todo en una agenda.

Tras terminar la reunión, empezaron las llamadas, era el horario establecido para ello: las 11 am y una tras otra fueron atendidas, hasta que sintió que la garganta se le secaba.

Cuando dieron las 2 de la tarde, Marianne no estaba ya en condiciones de continuar, había comido un pequeño refrigerio, pero su estómago rabiaba por comida "decente", así que tomóse su bolso y salió del lugar con una expresión tal que nadie, ni siquiera el más intrépido de los abogados, le detuvo...

Fue a su restaurante de siempre, un italiano, tras estar sentada en una mesa del fondo, pudo respirar aliviada mientras bebía una copa de vino tinto, en su opinión, había sido un día más... uno de tantos... lo único que la reconfortaba era el trabajo del "secundario" y los estudios claro...

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Martín
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Lun Abr 30, 2007 1:34 am

El agua salía forzada del grifo, como ahogada, para caer en las manos de un adormilado Martin que se lavaba el rostro frente al desvencijado y manchado espejo del botiquín. Cerró la llave que daba paso al agua y echó su cabello hacia atrás con el liquido que aun quedaba en sus manos mientras aun luchaba por despertarse del todo. Volvió hasta la cama para sentarse y vestirse, una vez listo se puso de pie listo para salir.
La pierna derecha le dolía por la humedad, odiaba por eso la lluvia y los climas como ese, pero ya estaba acostumbrado, Paris era igual, el Sena hacia imposible olvidar las viejas heridas. Ignoró aquella molestia mientras buscaba a su acompáñate, su fiel y amada compañera de viajes que nunca le había defraudado y jamás le había dejado solo. Siempre lista, siempre a su lado en todos los momentos importantes de su carrera, su Kodak Nº3A Folding Brownie Camera Model A construida en 1910



Cuantos buenos recuerdos había capturado ese lente, como aquella imagen del minotopo de París, o los escurridizos hombres armadillo de Lyon, el vampiro de Normandia, o la secreta entrada a la guarida de aquellos sectarios extraterrestres en Reims, buenos recuerdos si, imágenes que habían sido capturadas para la posteridad y que algún día serian valoradas cuando toda la verdad fuera descubierta, entonces el nombre de Martin D’aprie aparecería en todos los libros de historia.

Empacó la cámara en su funda de cuero y la puso al hombro con su correa, tomó su sombrero y salió a recorrer las calles de Praga en busca de aquellas noticias que se escondían a los ojos del ciudadano común, esas noticias, que solo los más avispados podían ver, las noticias que todos intentaban encubrir…

Los pasos del periodista le llevaron a la mítica callejuela de oro, aquel rincón de Praga donde el saber de los verdaderos sabios podía respirarse. Calle que había sido habitada por los más renombrados alquimistas del Siglo XV, ese era un buen recorrido, a los ojos de cualquier turista era un paseo colorido, pero para alguien que sabia ver más allá de las simples fachadas, era como leer un libro, llenarse de su conocimiento, ver las pequeñas marcas, LAS PISTAS, que habían sido dejadas por esos sabios a los que los ignorantes llamasen locos.
Muchos de los edificios de aquella calle parecían esconder grandes misterios, misterios que un periodista no podía dejar sin develar, había algo en sus fachadas, en su construcción, en el aire mismo que las rodeaba que le decía a Martin que había algo más.
Rápidamente se puso a trabajar y comenzó a fotografiar cuanto le era posible aquellos edificios que, a sus ojos, se veían sospechosos. No perdió el tiempo para hacer uso de sus otras habilidades y llamó a algunas de aquellas puertas mostrando su credencial y diciendo ser uno de esos banales periodistas que solo buscan noticias falsas e insípidas, distribuidas por gobiernos corruptos y manipuladores que hacen que la mente de las personas se distraiga con estupidas modas para evadirlos de sus más terribles secretos, obtuvo algo de información sobre la historia de esos edificios para comenzar así a dar forma a su esquema preliminar.

Tras sacar algunas fotografías vio pasar a una muy atractiva joven ataviada con lo último de la moda mundial, aunque no lo más fino por ello.

-Disculpe que la moleste señorita- dijo llamándola, ella se dio vuelta para verle – ¿habla usted francés?

-Si- respondió ella entonces él sonrió y estrecho su mano

-Vuelvo a disculparme con usted por molestarla, soy Martin D’aprie, periodista corresponsal de un importante periódico parisino en mi Francia natal y estaba aquí tomando unas fotografías del hermoso paseo que representa este histórico lugar de la bella Praga, y al verla se me ocurrió que, que mejor idea para resaltar la belleza de este edificio- dijo señalando con la mano un edificio cualquiera cercano a si – que incluyéndola a usted en la fotografía- la joven, sorprendida por las palabras del periodista, no supo que decir y antes de pudiera hablar, él agregó – espero no molestarle demasiado, se que debe estar algo cansada de que la gente como yo quiera inmortalizar la belleza de su rostro en fotografías y frescos

Ella llevó su mano izquierda para tomarse la parte superior del pecho y la inferior del cuello en gesto de sorpresa

-Pues se equivoca señor - dijo con una ligera sonrisa ruborizada - No es algo que pase a diario aunque no sé si es algo muy correcto - dijo mirándolo - Praga no necesita de nadie para mostrarse a la faz del mundo.

Una supresa muy convincente fingió el periodista ante aquella negativa de la joven sobre las fotografías de su persona - Praga no son solo hermosas arquitecturas, la belleza de su gente resalta la de esta pintoresca ciudad- dijo haciendo un gesto abarcativo - y déjeme decirle que me sorprende ser el primer hombre que ve su potencial señorita, he visto en Paris mujeres con la mitad de su porte brillar

La chica volvió a sonrojarse ligeramente..." Paris.... " - Es usted un halagador-dijo la mujer haciéndose de rogar pero visiblemente agradada por tanto cumplido.

-No, por favor, solo soy un hombre de letras que ha sido cautivado, ningún halago es suficiente para alguien como usted, le ruego me permita tomarle esta fotografía, porque así como mi amado Paris merece conocer el rostro de Praga, también merece conocer el suyo

La mujer hizo un gesto de negación con la mano - Por favor, no vaya a oscurecer la imagen de esta ciudad, haga su trabajo aunque yo le aconsejaría sacar una foto al puente Carlo en un día de niebla... Nunca la he visto y la imagen me parece fascinante

Hizo un gesto con el rostro algo apenado –Solo he visto el puente desde el taxi que me llevo al lugar donde estoy durmiendo, llegué ayer por la noche y este es mi primer pase, aun no he podido familiarizarme con las calles señorita... pero que modales los míos, no le he preguntado siquiera por su nombre

- Oh... no ha tenido tiempo de ver siquiera el puente Carlo! Debe de estar muy atareado... Y discúlpeme - dijo tendiendo su mano delicadamente hacia él - Mi nombre es Eliška, Eliška Manethová - dijo sonriendo.

Él se acerco y educadamente hizo el ademán de besar su mano pero sin en realidad hacerlo, tal como estilaban las costumbres – Es un placer Señorita Manethová - sonrió ligeramente – y debo decir que la razón por la que aun no conozco ese hermoso paisaje es por mi propia ignorancia ya que debo valerme por mi mismo para encontrar los lugares que deseo conocer.

La chica asintió sonriendo levemente - Praga merece ser visitada y retratada con detenimiento

-He visto muy poco de ella y aun así puedo afirmar que tiene toda la razón Señorita - simuló pensar un segundo - ah ya lo se, se me ha ocurrido algo - negó con la cabeza y las manos - pero no, mejor no, no seria correcto molestar a una dama como usted

Eliška miró a Martin con detenimiento - No es una molestia - dijo sonriendo - Será un placer mostrarle esta ciudad

-Su gentileza es aun mayor que su belleza, le estaré eternamente agradecido por esto

La joven le llevó hasta el famoso puente aunque como ambos ya sabían la niebla estaba ausente, pero ella se comprometió a acompañarle hasta allí para que viera la imagen prometida. Luego, recorrieron algo más de la ciudad y antes de que se hiciera demasiado tarde, la joven muchacha tuvo que retirarse pero antes de que lo hiciera, Martin le propuso el volverse a encontrar, lo que ella aceptó gustosa quedando ambos para volverse a ver al día siguiente.
Cuando Eliška se hubo ido, el periodista sacó de su bolsillo la libreta de apuntes que llevaba a todos lados y anoto el nombre y apellido de la joven así como el lugar y hora donde se encontrarían, parecía que ese era su día de suerte. Miró entonces otra de las notas en su libreta, tenia que llegar a cenar con Tereza Horalkova en hora y media, el esfuerzo invertido en la semana y media que llegaba en Praga estaba a punto de “florecer” y “entregar” su fruto, ojalá la dulce y bonita Eliška Manethová demandara menos esfuerzo…

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Augusto Cartago
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Mar Mayo 01, 2007 2:05 am

El agudo y estridente tintineo del despertador hizo despertar de un sobresalto a Cicerón McCormack, eminente profesor de Historia de la Universidad de Cambridge. Tras cambiarse, se dirigió al salón.

-Buenos días señor McCormack- le dijo la señora Southgate, su criada.

-Buenos días tenga usted, señora Southgate, ¿dónde está mi desayuno con mi zumito recién exprimido?- le dijo mientras se deleitaba imaginándose como devoraba los huevos revueltos con Bacon.

-Ahora mismo se lo traigo señor-

Tras devorar su copioso desayuno, Cicerón se dispuso a ir hacia la facultad, era un paseo agradable con las hojas de los árboles caídas en el suelo, era muy bucólico.

Al llegar a la facultad se dirigió a su despacho, cuando se disponía a abrirlo, notó en su cuello el dulce tacto de unos labios besándole.

-Hola Ron-

Se dio la vuelta, vió que nadie pasaba y se metieron dentro mientras se besaban apasionadamente.

-¿Qué tal mi profesora de Grecia favorita?-

-Oh... eso depende de cómo te comportes- le dijo Susan Chamberlain profesora asociada de Historia Antigua de Grecia.

Ron rió –Nunca te he defraudado- le dijo mientras Susan entornaba las contras del despacho.

Al cabo de un rato, Susan salió del despacho a la vez que se arreglaba el pelo, para ir a dar su clase.

Cicerón mientras se disponía a la tarea que ahora le absorbía, un estudio sobre los centros de culto de las antiguas civilizaciones. Cuando alguien entró en su despacho sin llamar.

-Vaya, quién sino tu iba a entrar sin llamar, parece que no te quedó claro que ya no salimos juntos ¿no?- le dijo con cierta acritud.

-Venga Ron, no me digas que la mosquita muerta de Susan te gusta más que yo- le dijo Bianca Smith, profesora de Roma, mientras se sentaba sugerentemente en la mesa de su despacho.

"mmm... la verdad es que debería volver ya con ella, ya la puse bastante celosa y la verdad ya la echo de menos, tiene más chispa que Susan". Se quedó pensativo un momento "¿y por qué no?"

–Bianca, por lo visto hace unas semanas se encontró un lugar que puede ser de tipo ritual, un yacimiento que viene de la época de los britanos pero se sigue usando en época romana. Oye ¿qué te parece si vamos a visitarlo y de paso podemos pasar el fin de semana en el balneario de Bath, el yacimiento está cerca de ahí?- le dijo guiñándole un ojo.

-Sabía que volverías conmigo- le dijo Bianca.

-No te hagas ilusiones bianca- le dijo sonriendo.

Tras irse de su despacho su exnovia, Cicerón volvió a su trabajo, tras leer el informe sobre ese nuevo yacimiento, tuvo que ir a dar clases, hoy le tocaba Historia Antigua I con los chicos de primero y Oriente Antiguo. Al acabar las clases comió algo con Susan. Cicerón se encontraba dividido no sabía muy bien que hacer, Susan era una chica maja, era encantadora pero le faltaba algo, ese algo que tenía Bianca y que la hacía irresistible a ojos de Cicerón, el problema era que el carácter de Bianca era más difícil por eso lo dejó con ella aunque en el fondo deseaba tenerla otra vez entre sus brazos. Ron se encontraba en una encruzijada.

Por suerte hoy no tenía que dar clase por la tarde, así que la tendría para su investigación. Por lo que presuroso se puso en marcha, quería ver algunas cosas antes de que llegara su becaria, la señorita Rosdniw, la cual apareció con puntualidad británica a las 17:00. Tras echarle un pequeño rapapolvo por no traerle el tradicional té de las cinco. Tras volver con la bebida, Cicerón le comentó el nuevo hallazgo que antes le había comentado a su exnovia y le mandó a por libros a los fondos de la biblioteca. Cuando la becaria volvió con los libros, Cicerón la despacho rápido hoy quería estar a sus anchas así que le mandó que tuviese listo para mañana un informe sobre ese yacimiento en particular a través de la bibliografía seleccionada. McCormack quería ver que es lo que se sabía de ese yacimiento antes del nuevo descubrimiento.

Al acabar la jornada, él y su novia salieron de cañas con unos amigos, básicamente a cotillear sobre los otros compañeros. Cuando se quedaron solos Susan aprovecho el momento:

-Me han dicho que Bianca entró en tu despacho ¿es eso cierto?-

-Si, es cierto- le dijo sin darle ninguna importancia, aunque sabiendo que la cosa no iba a quedar ahí.

-¿Y qué quería?-

-Nada de interes- le dijo mientras observaba el fondo vacío del vaso.

-Mírame cuando te hablo, es lo mínimo- le dijo ya con evidentes síntomas de enfado

-Ya te han entrado los celos, mira sólo vino a comentarme una noticia sobre un yacimiento, nada de interés, no estuvo ni cinco minutos- le dijo con voz suave esa pequeña mentirijilla piadosa.

-Perdona soy una tonta, yo es que...-

-Tranquila, no pasa nada- le dijo mientras la besaba -Bueno será mejor que me vaya, mañana me espera otro día de clases y estoy cansado-.
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Scherezade
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Miér Mayo 02, 2007 2:25 am

La tenue luz se filtraba por entre las cortinas del enorme ventanal de su alcoba. Daphne abrió un ojo con una mueca de somnolencia, su cabellera revuelta aún se desparramaba sobre la almohada. Escaleras abajo ya se podían escuchar los apurados pasos de Amelia y Sebastien, el ama de llaves y el mayordomo.

De pronto un pequeño rasguño se escuchó detras de la puerta, intermitente hasta que esta se abrió un poquito y unas patitas marrón oscuro se asomaron acercándose sobre la alfombra.



- Bijou, ven aqui pequeño!!- El gracioso felino saltó entonces a la cama de su ama, ronroneando mimoso. Daphne lo acariciaba suavemente.

- Buen día señora - Entró la dulce señora Amelia saludando con una sonrisa - su desayuno está listo.

- Buen día Amelia, gracias, en seguida bajo. Ah! sabe usted si acaso llegaron...?

- Si Señora Daphne, acaban de llegar las últimas cajas de su mercancía, son dos pequeñas.

- Perfecto. Por favor, dígale al al señor Sebastien que las suba al carro. Las quiero poner hoy mismo en exhibición en la tienda.

- Por supuesto señora, con su permiso voy abajo.

- Adelante Amelia, pase usted.

Cuando el ama de llaves se retiró, Daphne se incorporó, para buscar algo en el cajón de su mesita de noche, sacó una delicada cajita de metal, la abrió y extrajo un delgado cigarrillo, no había podido deshacerse del vicio, lo intentó un par de veces, pero hacía tiempo ya que había desistido. Luego lo prendió con su encendedor, y disfrutó el sabor y el aroma del tabaco.

El pobre Bijou no soportaba el humo del cigarro, asi que abandonó a su ama para salir y esperarla afuera de su habitación.

Daphne, se levantó con energía y antes de dirigirse a tomar una ducha se detuvo frente a su tocador, una fotografía enmarcada con un bello marco era el centro de la decoración de aquel mueble. La fotografía de su esposo fallecido.




- Jeff... - Susurró y no dijo más. Acto seguido acudió a bañarse y una hora mas tarde ya estaba totalmente arreglada desayunando, alistándose para empezar un nuevo día en su negocio de antigüedades. El señor Sebastien ya había encendido el motor del auto cuando Daphne salió de la casa. Tomó asiento en la parte trasera del vehículo y en seguida marcharon en dirección de la cuidad, disfrutando de una bella mañana en Praga.
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Lucie de Bélancourt
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Dom Mayo 06, 2007 10:12 pm

Un nuevo amanecer llega para los protagonistas de esta historia. Tanto en Praga como en Reims, Cambridge o Plymouth.
A primera hora de la mañana el cartero en recorrido matutino por el barrio llama a la puerta para dejar el siguiente documento (*1):


___________________________

*1 Si el pj no está en casa, el telegrama quedará en el buzón de correos.... Damián pásate por el FDI para tu caso

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ROMPAMOS CON SU ESCLAVITUD SON NUESTROS IGUALES! NO TIENEN PORQUE ESTAR GUARDANDO LOS JARDINES HUMANOS, MERECEN SER LIBRES!!!!!!
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Dom Mayo 13, 2007 9:38 pm

Marianne había dormido poco y un poco mal, tenía la ligera molestia de lo que podría ser un catarro, la garganta le dolía un tanto, asi como la cabeza, pero al menos tenía la información que el señor Cicerón había pedido. No le importaba de cierta manera estar bajo sus órdenes, porque poco era el tiempo que tenía ya...

El ayudar al maestro la hacía sentir "normal", por fin normal... la hacía olvidarse un tanto de que ella debía tener el control de todo y ser la que daba el ejemplo, tan sólo podía descansar la mente y dejarse llevar...

Aunque lo único malo era que si Cicerón se equivocaba, ella era la que pagaba los platos rotos, pero bueno, era un gaje del oficio, así que no importaba.

Iba a desayunarse ese día cuando el sonido del timbre la sacó de sus meditaciones, esta vez pensaba hacer un alto a su ajetreada vida y darse por lo menos la oportunidad de descansar en la mañana sin ir al "principal" antes de ir a la Universidad a con "el secundario" y a sus clases, además, tenía demasiados deberes y debía cumplir con ellos.

Con la taza de té en la mano, fue a abrir, encontrándose con un cartero, tras firmar los documentos necesarios, regresó a la mesa del comedor para abrir el sobre y encontrarse con un telegrama...

Tras leerlo alzó una ceja... poco era el tiempo que le quedaba de "libertad", antes de volver, así que poco era lo que podría disfrutar... para las fechas que estipulaba ya estaría de vacaciones, sólo sería cuestión de organizar el "principal" y avisar en el "secundario" y todo quedaría listo...

Bostezó una vez más sintiendo un escalofrío y abrazándose a sí misma tomando unas pastillas para cortarse el catarro...

Si se le complicaba la enfermedad, estaba frita...

_________________


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Augusto Cartago
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Dom Mayo 13, 2007 10:46 pm

Al llegar a la universidad al día siguiente, McCormack fue a su casillero como de costumbre, pero hoy se encontraría con una sorpresa. A parte de un comentario de texto entregado tarde y que por tanto ni se dignaría en leer, se encontró con un telegrama.

-Vaya esto si que es interesante, un telegrama venido de Checoslovaquia, sólo puede ser de Karel Urba.–

Cicerón se dirigió a su despacho, una vez llegado y acomodado se dispuso a abrir el telegrama.

"mmm... bueno no es que me interesen mucho los meteoritos pero le debo una. Muy bien Dr Karel nos veremos en la bella Praga".

El profesor escribió una breve nota en la que confirmaba su asistencia. Dejando ésta en secretaría para que se la enviasen. Después se dirigió a dar sus clases algo que no le agradaba mucho, ya que pensaba que su cometido era la investigación y no la docencia, esto era una carga que le quitaba horas de trabajo. Por suerte disponía de una becaria que le hacía el trabajo sucio, pero para que estaban los becarios sino pensaba Cicerón.
Esta tarde pensaba decirle a su becaria que se iría a Praga y le daría el honor de poder dar sus clases "seguro que esa chiquilla se va a emocionar".
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Nirnaeth Arnoediad
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Lun Mayo 14, 2007 4:58 pm

- Dígame. ¿qué se le ofrece?-

Era el cuarto alumno que pedía cita en su despacho ese día, la verdad es que casi todos los días tenía que hacer caso de ese ritual; alumnos que venían a revisar alguna clase, preguntar sus dudas (en la mayoría de los casos salían de su despacho aún con más dudas con las que entraban) pero la mayoría quería convencer a Cornel de que los aceptara como ayudante de su investigación, porque, tal vez estuviera un poco desequilibrado, pero era brillante y el que el nombre de alguien que aún era estudiante, apareciera junto al suyo en una nueva vacuna o la síntesis artíficial de un componente de la materia viva, era algo que lo compensaba con creces. Por desgracia, la respuesta era siempre la misma; -en estos momentos todas las plazas del laboratorio están cubiertas-. En cierto modo era cierto, porque él era la única plaza de laboratorio que quería.

Aún así, al poco tiempo de llegar, la universidad le obligó a escoger un estudiante como ayudante, ya que eso beneficiaría su delicada imagen, por lo que escogió a la única mujer que tenía como estudiante, posiblemente porque la veía algo aislada, cosa que compartía con ella. Se llamaba Chelsea y tenía 21 años cuando empezó a trabajar con Cornel, de eso hacía ya tres años y los estudios de Chelsea estaban terminados, pero eso a Cornel le daba igual, hubiera sido demasiado cambiar de ayudante (no digamos hacerlo cada año) así que Chelsea siguió trabajando con el... bueno, quizás trabajar "con él" no sea demasiado concreto, Chelsea era para Cornel como cualquier otro instrumento de laboratorio, tenía con ella la misma relación que con su mechero bunsen o su autoclave, sólo que en vez de girar ruedas o abrir interruptores, Chelsea era un instrumento al que se le hablaba, el decía lo que quería que hiciera y ella lo hacía, esa era la base de su relación; pero la verdad es que Cornel se había acostumbrado a su presencia y ella se había ganado su confianza, porque era extremadamente competente en todo lo que hacía y había aprendido pronto que sería inutil cualquier tipo de relación personal (casi de interacción personal) con Cornel, con lo que simplemente hacía su trabajo.

Además de los trabajos que tenía que hacer Chelsea en el laboratorio, tenía otros no estríctamente dedicados a la investigación. Dado el perfil problemático de Cornel, la universidad le demandaba informes mensuales de su actividad, avances e incidentes, informes que Cornel había delegado en Chelsea; además, ella debía encargarse del equipo del laboratorio estuviera en buen estado, de sustituir lo estropeado u obsoleto y de recoger el correo de Cornel.

- No, la verdad es que a día de hoy todas, las plazas del laboratorio están cubiertas...-
-pero...-

-gracias, ahora, si me disculpa-


"Bueno, creo que ese era el último. ¿qué toca ahora? ah, tengo clase dentro de media hora, no se acaba nunca... bueno, puedo dejar un par de muestras inoculando mientras tanto, si me doy prisa"

Poco después estaba de nuevo en el laboratorio, totalmente absorto en su trabajo; como siempre, ni siquiera miró (en realidad ni se daba cuenta de que había entrado) a Chelsea cuando paso a su lado.

-Disculpe, doctor Wallace-


Tardó unos segundos en reaccionar, como si de nuevo se despertara y no supiera exactamente donde estaba, miro alrededor antes de fijar su mirada en Chelsea

-¿Sí?-

-Tengo correo para usted-

Recogió las cartas que Chelsea le entregaba y fue pasándola una por una, casi todas eran de gente interesada en sus estudios, cartas que solían ir directamente al cubo de la basura... más cartas... un telegrama, le echó un vistazo al ver que provenía del doctor Karel Urba, un reputado geólogo con el que había compartido algunos experimentos cuando estaba en Marsella, cuando Mireille aún vivía, en esa época no habría dudado en aceptar la invitación, pero creía que ahora ya no tenía sentido, así que tiró el telegrama al mismo cubo que había tirado el resto de las cartas y sin mediar una palabra más con Chelsea volvió a centrarse en la placa de petri donde estaba cultivando su muestra, así estuvo los siguientes veinte minutos, hasta que su despertador le indicó que debía ir a clase.

Tres horas después estaba de nuevo en la puerta del laboratorio, con un emparedado de carne y un vaso de leche, su comida casi todos los días, pero al entrar se encontró que sentado en su silla, leyendo una revista médica estaba Edward Sisek, el joven y presuntuoso decano de su facultad.

-¿qué hace usted aquí? ¿cómo ha entrado?-

-Buenos días, Cornel, sijo Sisek en ese tono tan condescendiente que usaba cuando pretendía dominar una situación. Chelsea me ha dejado entrar. ¿qué tal la clase?-

Cornel y Chelsea eran las dos únicas personas que tenían una llave del laboratorio, de hecho, Chelsea tardó más de dos años en conseguir que Cornel le diera una, no, a Cornel Wallace no le gustaba que nadie se metiera en sus cosas.

-¿qué hace usted aquí?-
repitió Cornel fijando su mirada en Sisek

-Como sabrás, una de los requisitos que impusimos para que Chelsea pudiera quedarse indefinidamente con usted, ocupando un cargo que debían ocupar estudiantes, es que ella nos permitiera saber que es lo que pasa dentro de su laboratorio, incluso usted le encarga sus informes a ella... bien, lo que hago aquí (arrastraba las palabras mientras observava fijamente a Cornel) tiene que ver con esto.-

Entonces se sacó del bolsillo el telegrama de Karel Urba, el rostro de Cornel no se movió ni un milimetro, mostrando su profundo desinterés por cualquier cosa que pudiera decirle o mostrarle ese hombre.

-Verá, el consejo consideraría apropiado que aceptara usted esta invitación. No tenemos muchas oportunidades de estrechar relación con un país del antiguo imperio y apuesto a que enviar a uno de nuestros más brillantes científicos como invitado a la universidad de Praga sería muy bien recibido en Londres. No se preocupe por nada, nosotros nos encargaremos de arreglar el viaje, usted puede seguir trabajando mientras tanto... buenas tardes, doctor Wallace-


El rostro de Cornel no cambió en absoluto, se había acostumbrado a estas cosas, a que la universidad se aprovechase de su nombre, no le gustaba, pero era la única manera de que le dejaran seguir trabajando, "ah, pero justo ahora, cuando estaba tan cerca..." "tan cerca de qué?" se preguntó el mismo, y no encontró una respuesta...


Última edición por el Miér Mayo 16, 2007 11:06 am, editado 1 vez
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Martín
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Miér Mayo 16, 2007 3:57 am

Antes incluso de abrir los ojos pudo sentir el calido abrazo desnudo de su compañera que aun dormía a su lado. Una sonrisa satisfecha se dibujó en su rostro y la observó unos instantes, Tereza era una mujer muy bella en verdad y le había hecho pasar una noche bastante gratificante, pero no compartía su forma de ver las cosas, ella era una mujer de compromisos y el único compromiso que Martin Da’prie tenia era con la verdad, una verdad que la pobre Tereza no llegaría a comprender nunca, atrapada en sus frivolidades. Y aunque lo hiciera, seguía siendo una mujer y ellas pecaban de ser un lastre para los hombres.
Las mujeres todas, buscan, más tarde más temprano, aferrarse a una pareja, casarse, criar hijos y vivir una vida de lujosa monotonía sabiendo que tiene todo lo que les hace falta y que son la envidia de otras mujeres más jóvenes.

Besó los labios de la joven despertándola y sonriéndole tiernamente – Buen día hermosa

Ella sonrió sin soltar su abrazo, gratificada –Así si da gusto que la despierten a una

-No se compara a despertar a tu lado

Martin ya había planificado como transcurriría aquel día, para evitar inconvenientes y planteos de cualquier tipo pasaría el resto de la mañana y parte de la tarde con aquella joven, luego, se retiraría a su pensión, revelaría sus fotografías y se prepararía, entonces si, para llevar a cenar a la hermosa Eliška tal y como había prometido.
Así transcurrió el día con gran tranquilidad, Tereza era una joven agradable, aunque tanto tiempo cerca suyo resultaba sofocante para el pobre periodista -Tereza- dijo mirándola – no quiero, pero tengo que irme, en unas horas tengo que ir a encontrarme con el Dr. Borenkof para hacerle una entrevista- suspiró apesadumbrado – había hablado con el hombre antes de venir a Praga y se suponía que él llegaría en aun una semana, pero su viaje se adelantó y tiene muy pocos días, y como se trata de toda una eminencia en el campo de la endocrinomologia hiperbática, no puedo dejar pasar la oportunidad de ser el primero en hablar con él, lo lamento (*1)

Tereza quedó primero un tanto desconcertada, Martin era un hombre tan culto, siempre le hablaba sobre temas que ella no comprendía con una naturalidad increíble, era fascinante. Luego vino la decepción, esperaba poder pasar algo más de tiempo con él.

-Seguramente me invite a cenar también, así que no me librare hasta – dijo apenado y poniendo una mano sobre la de ella

-Esta bien, lo entiendo, es tu trabajo y después de todo viniste a trabajar solo por un mes…

-Así es- dijo mirándola a los ojos – pero tu no estabas en mis planes, y ahora lo estas- ella le miró esperanzada pero no dijo nada – solo será esta noche, y mañana tendré que acomodar, pasar y corregir los apuntes, pero lo haré lo más rápido que pueda para poder verte ¿de acuerdo? Te prometo que cenaremos juntos mañana

-De acuerdo- dijo ella –pero ¿tienes que encontrarte con ese Doctor en unas horas no?...

-Así es- dijo con una sonrisa- aun tenemos tiempo para despedirnos debidamente

Una hora y media más tarde, Martin salio de aquella casa y fue hasta la pensión donde había estado quedándose. Grande fue su sorpresa al encontrar allí un telegrama que había llegado esa misma mañana para su persona.
La sonrisa en su rostro fue enorme al leer el contendido de ese mensaje, parecía que tendría el gusto de conversar nuevamente con el Dr. Urba, era una oportunidad única, de seguro esas rocas guardaban innumerables secretos.
Los últimos acontecimientos de ese día lo habían convertido en un gran día así que con excelente humor el tolosano se dispuso a darse un baño y arreglarse para su encuentro con Eliška y cuando estuvo listo partió.

La velada, tuvo que admitir, había sido peor de lo que esperaba, la joven resultaba en sus conversaciones más somnífera que la pobre Tereza, pero a su favor, también aprecia ser más efusiva y… abierta, con lo cual seguramente demandaría menos esfuerzos lograr que esa relación se volviera provechosa. Con eso en mente, Martin decidió aprovechar y le invitó a que se encontraran nuevamente a la mañana siguiente para poder entonces si ver el hermoso paisaje que ella le había prometido. Y así fue, se encontraron ambos a la mañana siguiente y observaron, a pesar del frió, aquella bella imagen que él no tardó en inmortaliza con el lente de su cámara y tras insistir pudo tomar también una del mismo lugar adornado con la figura de la bella señorita.
La acompañó luego a algunos lugares que ella debía visitar y tras almorzar juntos, separaron sus caminos con la promesa de verse sino al otro día, al siguiente.

Por la tarde, Martin volvió a su pequeña habitación en la pensión y vio sus notas sobre la mesa, estaban sus investigaciones, algunas fotos y aquella entrevista que le había hecho a ese parapsicólogo con quien había hablado algunas veces desde que llegó a Praga, tenía unos fascinantes conceptos y su opinión respecto a ciertos temas era interesante. Entonces recordó la invitación del Dr Urba y la exposición de rocas espaciales, de seguro la opinión de Bohumil valdría la pena, el tal Urba ocultaba demasiado bajo su fachada de escéptico, así que rápidamente, el periodista acomodó sus cosas y se dirigió a la casa de aquel hombre, tenia su dirección en su libreta de apuntes. No tardó en llegar y llamar a la puerta.

Bohumil dejó la tetera en el fuego, y se dirigió a la puerta, alguien había tocado. Observó por la mirilla, tras correr la medalla de san Benito que la cubría, y vio el rostro de Martin, un periodista a quien conocía hace no mucho tiempo, pero con quien lo unía una simpatía y un interés a fin por el ocultismo. Sin más, abrió la puerta, tras correr los múltiples cerrojos que la aseguraban.

-Buenos días- dijo al ver al rostro del hombre que le abría la puerta - espero no importunar

-No, no, claro que no- dijo haciendo un ademán con el brazo, invitándolo a pasar -¿Gustas tomar un poco de té?

-¿No será mucha molestia?

-Claro que no, pasa

-Gracias- dijo y dio el primer paso dentro de la casa - permiso- se adelanto unos pasos y esperó que el dueño de casa lo guiara -¿que tal tus investigaciones?

-Bueno, podrían ir mejor, los verdaderos fenómenos paranormales son escasos- Dijo, mientras subía a la cocina y bajaba nuevamente a la sala, corriendo de la mesa un frasco que contenía un feto humano deforme en formol, para hacer lugar a la bandeja que contenía a la tetera y dos tazas.

-Y son difíciles de encontrar, por cada uno que intenta develarlos, diez intentan ocultarlos- dijo sentándose a la mesa y reparando en el "curioso adorno" –Ah por cierto ¿has oído hablar del Doctor Karen Urba, el Geólogo?

-No, no conozco a muchos especialistas de esa rama. ¿Quién es?

-Es uno de los más importantes en ese campo, trabaja investigando para la Universidad de Caronila de Praga y una de sus ultimas investigaciones, la que llamó mi atención, tenia como centro de la misma un cráter en Graslitz- hizo una pausa y sacó un cigarrillo ofreciendo otro a Bohumil - y ayer recibí una invitación suya para un recorrido por la exposición de rocas espaciales en el Museo Nacional de Checoslovaquia

Bohumil tomó un cigarrillo y sacó una caja de fósforos del bolsillo de su chaleco. Pendió el cigarro, entrecerrando los ojos por la molestia que le ocasionaba el humo.
Sacudió el fósforo para apagarlo y le alcanzó la caja a Martin. -Suena interesante, ¿la muestra es abierta al público?

Martin recibió los fósforos y encendió su cigarrillo para luego dejar la caja sobre la mesa. Revisó sus bolsillo y sacó el telegrama extendiéndoselo a su compañero -Creo que no soy el único invitado, así que supongo que uno más no causará problemas, y sino, siempre puedo ponerme en contacto con el hombre a ver si seria posible

-Ah, aquí lo dice- dijo señalando el telegrama -Falta un mes aún

-Exacto, aunque según creo la muestra ya se encuentra abierta

-Bueno, quizás podamos ir a recorrerla, quizás allá algo interesante. Piedras del cosmos... - Dijo, como meditando sobre la temática de la muestra.


-El Dr. Urba es bastante escéptico, o al menos esa es la imagen que intenta dar, no lo se, a mi todo este asunto me resulta bastante sospechoso y no encaja con la visión que da al mundo académico, creo que puede ser algo muy interesante

-¿Trataste con él alguna vez?

-Si, lo entreviste mientras aun estaba en Graslitz

-¿Alguna revelación interesante? - Preguntó, mientras sacaba de unos de los muebles de la sala una botella de cristal cortado, que contenía una bebida de color verde esmeralda, haciendo un ademán con ésta, como preguntándole al periodista si gustaba.

Miró la botella sin saber de que se trataba aquello -¿que es?

-Absenta, es ilegal desde hace unos pocos años, yo tengo esta botella desde antes de la prohibición. Es difícil de encontrar en estos días

-Pues, a ver de que se trata - aceptó sonriente y antes de beber contestó -realmente no me dijo mucho, solo que habían encontrado meteoros pero que aun no los habían analizado

Bohumil tomó dos vasos, y dos cucharas con forma de hoja. Tomó dos terrones de azúcar y depositó uno en cada cuchara. Prendió un fósforo y calentó una de las cucharas, por la base, y el azúcar comenzó a fundirse, goteando dentro del vaso. Inmediatamente vertió un poco de absenta, que dejó la cuchara limpia de azúcar.
Luego sirvió un poco de agua sobre la absenta azucarada, y ésta tomó un tono verde lechoso, dejando de ser cristalina. Le acercó el vaso a Martín y preparo otro para él. -Suena interesante, quizás los minerales encontrados en esos fragmentos tengan propiedades alquímicas, o frecuencias energéticas particulares...- Dijo, perdiéndose en las posibilidades que se abrían.

-Así es ¿quien sabe que tipo de materiales pueden hallarse en los rincones del espacio infinito? eso sin mencionar la posibilidad de algún fósil o incluso una forma de vida ajena a nuestros conocimientos-dijo y se dedico a observar la curiosa bebida que le ofrecía, dudó un instante intentando ver en que forma la bebía Bohumil, para imitarlo

-No lo sé, los cielos se estudian hace siglos, y se habla de minerales extraños, con propiedades paranormales- Dijo, y dio un sorbo a su vaso, tragó la bebida, y pudo sentir la intensa graduación de la bebida. El sabor amargo y anisado era matizado por el azúcar. Parecía quemarlo por dentro.

-Hay registros de muchas cavilaciones que hacen especial mención a las rocas que vienen desde el espacio- dijo y entonces tomó un sorbo de aquel líquido

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*1 Tirada Exitosa para mentir descaradamente

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Abdul Al Hazrad
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Vie Mayo 25, 2007 4:44 am

Sintió algo, una señal nerviosa. Eran sus dedos, algo los rozaban. Algo húmedo, algo rasposo. Abrió los ojos, se había quedado dormido, quizás desmayado.
Todo se veía borroso, y esa sensación en sus dedos... Un terrible dolor de cabeza inundó su cráneo de repente, como un martillo que le aplastaba los nervios.

Cada latido de su corazón era una oleada de horrendo dolor. Parecía que el cerebro iba a salírsele por la nariz, en un intento por escapar de esa terrible sensación.

Enfocó la vista con dificultad, un gato negro le lamía los dedos de la mano. Era Salomón, su compañero. Poco a poco el rompecabezas sensorial se fue armando en su mente. La Absenta había sido demasiado para él. Algo olía rancio. Él sabía lo que era. Con dificultad se puso de pie, había vomitado en el piso. Por suerte se quedó dormido de lado, si no se hubiera ahogado en su propio vómito.

Tenía la boca pastosa. Tomó unos trapos y limpió el desastre que había hecho, ante la atenta mirada de su gato que ahora estaba sentado en un costado, moviendo su cola de arriba a abajo con un ritmo perfecto.

No podía pensar en nada, salvo en el dolor. Una estúpida sonrisa se le dibujó en el rostro al ver la botella de absenta y los dos vasos. Se preguntaba que sería de su invitado.

De repente sintió que estaba por devolver, corrió al baño, y lanzó lo poco que le quedaba a su estómago, algo de bilis, y lo que que le restaba de su orgullo de bebedor.

Se lavó la boca, se duchó y tomó unos vasos de agua. El dolor de cabeza era terrible. Ya era casi de noche, por suerte. La luz del sol le hubiera resultado una molestia. Le vino a la mente el apodo que se había ganado en la universidad, no recordaba la palabra exactamente y buscarla entre sus recuerdos era doloroso en su estado actual.

Se dirigió a su recámara en la planta superior de la casa, seguido por Salomón, que parecía acompañar a su amo para protegerlo, como lo hacía con la casa de espíritus indeseables. Bohumil se desvistió y se recostó. El dolor impedía el descanso. Podía escuchar el ruido lejano del tranvía y la luz de los faroles de la calle se filtraba entre las rendijas de las persianas, como rayos implacables.

Prendió el velador y sacó un pequeño estuche de metal de su mesa de luz. Lo abrió, en su interior reposaba una jeringa con un grupo de cinco ampollas. Lo cerró, negando con la cabeza. La mofina era demasiado para una jaqueca, incluso una tan terrible como esa. Bajó a su estudio y revisó apresurada y torpemente algunos estantes con frascos de todos tipos y tamaños. Salomón lo observaba desde el hueco de la escalera, soltó un maullido, como preguntándole que estaba haciendo. Luego de unos instantes Bohumil encontró el que buscaba. Era un frasco pequeño, de un vidrio color ocre oscuro. Bebió un sorbo y lo dejo nuevamente en su lugar; en su etiqueta se leía "Láudano".

Se recostó nuevamente. Podía sentir a la dormidera llegarle al cerebro, de repente el dolor desaparecía y el mundo se volvía de terciopelo. El ronroneo de Salomón, que se preparaba para dormir a los pies de Bohumil, era una canción de cuna. Ya sin la molestia, los recuerdos volvían a su mente fácilmente mientras caía en un sueño profundo y placentero, en la universidad lo llamaban "el politóxico, el hombre de los venenos".

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MensajeTema: Re: Interpretativo   Vie Mayo 25, 2007 5:48 am

Una extraña presión en la cabeza, todo retumba y parece agrandarse y achicarse, el tiempo fluye de forma extraña, pero todo parece igual.

De pronto Bohumil se había vuelto una persona bastante descortés y semejaba no prestar atención a lo que Martin decía. Se agachaba buscar cosas al suelo sin avisar como si hubiera perdido algo de vital importancia, aunque allí no había nada, ni siquiera se molestó en saludarlo o abrirle la puerta cuando el periodista dijo retirarse, estaba llegando tarde, había prometido a Tereza tener sexo con ella, usar su casa como hotel y conseguir que le diera algo de dinero.

Martin salió a la calle y se encontró con un hermoso día veraniego, al parecer el clima de esa zona era muy cambiante, comenzó a caminar por la calle y, cosa rara, se encontró con algunos conocidos de Francia, compañeros de la Universidad, se acercó a saludarlos y a cruzar con ellos algunas palabras, pero él llevaba prisa y al parecer también sus amigos. A pesar de lo corto de estos encuentros, habían sido bastante agradables, era bueno recordar viejas épocas, eso ponía a Martin de buen humor (aunque realmente no recordaba a algunos de esos amigos, pero ellos parecían conocerle a la perfección)

Se cruzaron entonces sus pasos con los de una hermosa y exuberante muchacha que le cautivo al instante. Caminó hasta ella haciendo uso de toda su galantería y comenzó a seducirla, ninguna mujer podía resistirse a alguien que sabia como tratarla con dulzura a la vez que demostrar todo un hombre. El juego de seducción duró solo unos minutos y, como nunca antes, esa mujer se entregó a sus brazos a ala vez que ella misma arremetía contra él entregándole su cuerpo entero en un acto de desenfrenada locura y salvaje pasión. Sus cuerpos se entrelazaron si pudres allí mismo en medio de la calle a plena vista de todo el mundo, pero nada les importaba más que carnal placer que gozaban.
Al terminar, Martin cayó sin más a la calle, exhausto, pero satisfecho como jamás lo volvería a estar.


Las palabras empezaron a salir de la boca del francés con una dificultad espantosa, alargándose y perdiéndose en oraciones sin sentido. Bohumil por su parte no podía mantenerse si quiera erguido en al silla y comenzó a vomitar salpicándolo todo para luego caer al suelo.
Ofendido, Matin se puso de pie y se marchó, aunque llegar a la puerta que solo se encontraba unos metros fue la labor trabajosa de unos cinco minutos en la cual recibió varios golpes de las paredes aledañas.

El sol ya se había ocultado y las nubes cubrían el cielo amenazando con un aguacero que se hacia palpable.

Una vez en al calle sus zigzagueantes pasos le hicieron chocar con numerosas personas que intentaban alejarse de él al solo sentir el hedor alcohólico. Martin se acercaba a esa gente e intentaba hablares, abrazándose a ellos y riendo hasta que lograban eludirlo y sacárselo de encima con un simple empujón. Una joven mujer no tuvo tanta suerte, él intentó seducirla con unas frases que ni el más obtuso de los seres hubiese creído acertado, siempre sonriente y creído de su brillante desempeño intentó tomarla entre sus brazos, besarla y más. La pobre mujer, escandalizada intentó zafarse y cuando por fin tomó algo de distancia hizo uso de todas sus fuerzas y le golpeó en medio de la cabeza con el paraguas. El golpe fue tan fuerte, y el estado de Martin era tan patético que el periodista cayó tumbado al suelo de donde no pudo levantarse.

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MensajeTema: Re: Interpretativo   Miér Mayo 30, 2007 2:50 am

Su primera semana de vacaciones en la ciudad de las luces había pasado como una exhalación.

Había pasado casi todo el tiempo con Karinne y sus compañeros de La Paix, entre charlas, lecturas, buena comida, mejor vino, y algún que otro aderezo ocasional.

El tiempo además acompañaba, pues el inicio del invierno no estaba siendo demasiado frío, y aun podía disfrutar de sus paseos matutinos por la ciudad o de sus escapadas a la campiña con el coche.

Aquella tarde se encontraba fumando tranquilamente, recostado sobre el mullido sofá de su salón, mientras los primorosos dedos de Karinne acariciaban las teclas del piano para sonsacarle lentamente las notas del claro de luna de Debussy.

En aquellos siete días había podido corroborar aquella estupenda primera impresión que le había causado cuando se conocieron. Tenía que reconocer que era una mujer magnífica: culta, educada, con cierto desdén por las normas y nada mejor que hacer que gastarse la considerable hacienda que sus padres le habían dejado en herencia.

Le había prometido que se quedaría en París una buena temporada, y que luego, si el trabajo no se lo impedía, quizás pudieran hacer algún pequeño viaje a Italia, Grecia, o a algún otro país mediterráneo y por una vez esperaba poder cumplir dicha promesa.

Aunque en cierto modo se reprendía así mismo por ni tan siquiera pensarlo, sabía que estaba llegando a una edad en la que quizás debería de sentar la cabeza y comenzar a llevar una vida más… ortodoxa: comprometerse, buscar una casa más adecuada, e incluso tener algún vástago.

Agitando la mano ante su cara apartó el humo del cigarro y disipó tan absurdos pensamientos, e incorporándose tomó la botella de Vouvray y llenó de nuevo las dos copas.

Caminó con las dos copas hasta el piano, y dejó una frente a la artista, que absorta en su ejecución no se percató de la intensa mirada que los azules ojos de François le dirigían a través del fino cristal de Bohemia, obsequio de uno de sus clientes en Praga.

Tres golpes secos en el llamador dorado de la puerta rompieron el momento, desviando primero la vista de François, y deteniendo después la exquisita melodía que Karinne le estaba arrancando a las cuerdas del piano.

Con gesto molesto dejó la copa junto a la botella, y se encaminó a la puerta, dispuesto a hacer pasar un mal rato a quien hubiera al otro lado si no tenía un buen motivo para estar allí.

Un hombre joven con un amplio bigote oscuro de los que tanto se llevaban en las zonas más rurales del país, se hallaba ante la puerta, embutido en un uniforme de correos oscuro y con sus bordes rojos, y coronado por una gorra a juego.

-¿Monsieur Toulour?

En el interior del piso, la música volvió a sonar desde donde se había cortado. La mirada de François seguía siendo hostil. El buzón de la entrada estaba para algo.

-Sí, ¿qué desea?

El funcionario rebuscó nerviosamente en la abultada cartera de piel que le colgaba del hombro derecho hasta sacar un telegrama.

-Llegó esta mañana a la oficina de Rouen, y desde allí lo enviaron a la da París, tal y como usted indicó –le tendió la cuartilla de papel marrón.

-Gracias, ¿algo más? –al cartero le quedó claro que había interrumpido algo, y que no debía esperar ningún aspaviento por su eficacia ni un agradecimiento más efusivo o amable.

-… No, eso es todo monsieur, que tenga un buen día –dijo, algo incómodo.

François estuvo a punto de no responder y cerrar la puerta, pero las buenas maneras había que conservarlas, aunque fuera con un lacónico “Igualmente”, tras lo que volvió a acomodarse en el sofá para leer el telegrama.

-He cambiado de opinión –dijo levantando la vista del papel unos segundos más tarde-, creo que sería una idea estupenda el ir esta noche a la fiesta de Charles Vanel, aunque eso te deja sólo un par de horas para encontrar un vestido con el que matar de envidia a las demás asitentes.

La música se interrumpió por segunda vez cuando Karinne retiró las manos del piano, tomando con la mano derecha la copa de vino y apoyando la izquierda en su regazo.

-¿Qué decía el telegrama que te haya hecho cambiar de idea? –dijo mientras que las mejillas se le tornaban de color rosado, quizás por el vino, quizás por el atrevimiento, o quizás por ambos.

-Nada importante –se incorporó para tomar su copa de vino y darle un pequeño sorbo-, un asunto de trabajo que ha salido bien...

Ella terminó su bebida antes de levantarse de la banqueta del piano súbitamente, como si algo la hubiese quemado. Con un paso muy acelerado se acercó hasta el sofá, y por una fracción de segundo, casi como por casualidad, sus labios rozaron los de él.

-Entonces tendré que darme prisa -dijo mientras tomaba su abrigo del perchero-. Pasa a recogerme a las siete y media.

Aun con la copa en las manos, François volvió a hundirse entre los mullidos cojines del sofá.

-Eso haré - dijo apuntando con la copa a la puerta cerrada por la que ya había desaparecido Karinne.

Dejó la copa sobre la mesa y sacó el reloj del bolsillo de su chaleco. Eran las cinco, tenía dos horas para vestirse y pensar cómo escaparse de ese viaje a Praga pese a las “sugerencias” que de seguro Vanel le haría.

Volvió a llenar la copa de vino.

Praga era una ciudad maravillosa, y con un anfitrión tan culto y agradecido como el profesor Urba podía serlo aun más, pero mientras volvía a mirar el umbral por el que ella se había marchado no podía dejar de pensar que era algo muy pobre en comparación con el viaje que habían planeado.
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Martín
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Lun Jun 11, 2007 2:36 am

Bohumil se despertó al otro día, se sentía bastante mal, pero ya se había recuperado de lo peor. Ordenando la casa, encontró el telegrama, que contenía la dirección de Martin. Se cambió y salió para el domicilio que indicaba el mensaje. El lugar era una pensión de mala muerte, Bohumil se encontró con el hombre que la "regenteaba" que le indico cual era la habitación del periodista, al parecer, la policía lo había llevado hasta ahí, casi que desmayado. Subió por una ruidosa escalera de madera, hasta la puerta que le habían indicado. Golpeó tres veces. Sintió al otro lado un sonido gutural que intentaba ser un "voy" pero más bien sonaba como el sonido de un animal moribundo. Escuchó luego ruido de numerosas cosas que se caían y unos minutos más tarde la puerta se abrió

-Hola, ¿como esta?

Martin se hizo a un lado para dejarle pasar, inspiró aire antes de contestar y se tomó la frente, entornes soltó el aire y dijo - Con un dolor de cabeza de los mil demonios, ponte cómodo, voy a lavarme la cara- y pasó al baño

- Gracias- Dijo, mientras pasaba. - Tengo algo para el dolor de cabeza en mi casa si lo desea

- Por favor - dijo ya saliendo del baño con la cara y le pelo empapados, sentía su cabeza latir y quebrarse

- Vengo a devolverte el telegrama. ¿Piensas llegar sólo a la presentación? ¿O prefieres que nos encontremos en algún lugar antes?

- No lo se, si quieres ir tendrías que ir conmigo, para que te dejen pasar, no tengo problemas en ello

- Bien, ¿cuando debemos ir?- Preguntó

- Creo que era en un mes, o algo así, hay tiempo

La charla siguió por otros derroteros y luego cada uno siguió con sus propios quehaceres cruzándose en algunas ocasiones para conversar, aunque ya no para beber ciertas cosas.
Por su lado, el frances continuó con las relaciones que había cultivado, saliendo con aquellas dos jóvenes al mismo tiempo, buscó la forma de redimirse con Tereza y le explicó la situación.
Un mes más tarde Martin llegó a la casa del Parapsicólogo, cámara en mano, a la hora convenida para ponerse en marcha

Bohumil lo recibió, mientras terminaba de hacer su moño y se perfumaba. Tomó su libreta de notas, y se dispuso a partir.

- Cuando quieras, partimos

- Yo estoy listo- dijo el periodista que se había puesto lo mejor de su guardarropas

- Bien, salgamos entonces- Dijo, mientras invitaba a salir a Martin, con un ademán. Cerró la puerta de su casa con llave, y empezó a caminar hacia la universidad

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Augusto Cartago
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Lun Jun 25, 2007 12:39 am

Marianne caminó con paso tranquilo mientras intentaba estornudar un leve instante, esa gripe que tenía la estaba dejando mal, tenía que ir al médico seguramente, no podía estar así todo el tiempo. Estornudó junto a la puerta del "secundario" avisando con ésto su llegada.

Ciceron se encontraba leyendo el nuevo artículo del profesor Logan "este tío es estúpido, como se atreve a críticar mi teoría sobre el alineamiento de las piramides respecto a Sirio" en ese momento escucho un estornudo ante su puerta "debe ser la becaria"
-Adelante pase-

Marianne entró con un rostro que había tenido mejores días, como Cicerón podía haber comprobado, tenía en los brazos varios libros y hojas escritas dentro de un fólder... le miró un instante y asintió cerrando la puerta tras ella, con esos gestos que denotaban cierta discordancia con la ropa tan sencilla que a veces lucía...
- Buena tarde, señor Mc. Cormick -dijo con esa educación tan tajante en su voz.

-Querrá decir MC Cormack, no Mc Cormick, señorita Rosdniw- Cicerón la conmino a sentarse-Tiene mala cara, tendría que cuidarse más. Pero bueno vayamos al grano, ¿me ha traído lo que le pedí para el día de hoy?- le dijo mientras se recostaba cómodamente en la cómoda silla de su despacho.

- Lo siento, señor Mc. Cormack - susurró con voz sencilla - fue un error de pronunciación - dejó los libros en la mesa y le ofreció una carpeta con la información que le había requerido - aquí está todo... - llevó un pañuelo con rapidez a sus manos y con él, de espaldas al profesor, estornudó de una forma demasiado delicada... Algo extraño era que ese pañuelo tenía las iniciales: VMAAML

El profesor giro la cara con evidente disgusto al ver estornudar a su pupila, no quería enfermar antes de irse a Praga -Vaya debería tomar algo contra ese catarro o gripe, o lo que tenga. Por cierto, veo que ese pañuelo no es suyo, no lo habrá robado por ahí no malandrina- dijo entre risas. Su punto fuerte no era precisamente el humor.

Marianne asentía ante las primeras palabras y luego, tras las últimas, pareció quedarse congelada, miró con atención el pañuelo y su rigidez se hizo cuasi evidente...

- No, no se preocupe, no lo robé - dijo guardando ese pedazo de tela que, a leguas, se notaba que era demasiado costoso para una persona con dos trabajos...

Ciceron la miró fijamente, le sorprendió la reacción de la chica al decirle aquello "no, ella no haría una cosa así, pero su reacción...V.M.A.A.M.L. mmm..." -Bueno dijo- sacudiendo su cabeza para centrarse en lo que realmente importaba -deje sus anotaciones y los libros que le pedí, aunque no los podré revisar hasta dentro de unos meses supongo, el eminente catedrático Karel Urba me ha invitado a la exposición de meteoritos que a organizado, es una invitación que me llena de orgullo ya que sólo se codea con los mejores- dijo vanagloriándose a si mismo -Por lo que se librará de mi una temporada, pero volveré- dijo riendo

- ¿A usted también? - le miró un tanto azorada - pues yo también iré a Praga... quería pedirle permiso para ir.-

McCormack se quedo perplejo -¿cómo que se va a Praga? esta en época lectiva no debe irse de vacaciones por ahí tengo una lista con las tareas que tiene que realizar en mi ausencia, me comprende señorita Rosdniw, durante su etapa de becaria no puede irse por ahí de picos pardos, usted está aquí para aprender, para ser una mujer más preparada señorita, o es que estoy perdiendo mi valioso tiempo con usted. Dese cuenta que esta en Cambridge, señorita esto no es una universidad cualquiera, aquí sólo entran los mejores y pedimos en nuestros alumnos disciplina, así que le sugiere que deje sus planes de vacaciones románticas y estudie más- le dijo con evidente enfado.

Marianne alzó una ceja y luego susurró con voz dulce...

- Dije que yo también había sido invitada por el Profesor Karel Urba - le miró un leve instante - y como comprenderá, sería una enorme falta de etiqueta no ir cuando él fue quien más me apoyó en mis estudios de leyes - entornó levemente los ojos - por otro lado, ya terminé todo el trabajo que hay por hacer y si necesita que le ayude con algo más, seguramente lo terminaré antes de irme... - dijo con un tono tan competente, como cuando trataba a sus clientes en el despacho jurídico - así pues, no veo que haya más peros, iré a aprender, no a buscar algo romántico - entornó levemente los ojos - desde que estoy aquí, usted bien sabe que no he tenido a nadie conmigo... a diferencia de otros...

Al escuchar aquellas últimas palabras Ciceron se levanto de su silla de un salto gritándo -Esta usted insinuando algo Marianne Rosdniw, no le permito que se meta en mi vida privada y si usted no tiene a un hombre que le haga compañía será...- Ciceron calló en ese punto -y usted de que conoce a Karel si puede saberse- "habrase visto, que se cree esta becaria de tres al cuarto"

Marianne alzó una ceja y luego negó...

- Bien dicen que a quien le queda el saco, solo se lo pone - suspiró - me refería a las últimas dos becarias de las que tanto me ha hablado... - entornó los ojos - recordándome cada cinco minutos que le abandonaron por irse con sus novios, esposos o lo que fueran.-

Marianne se levantó y miró al profesor.

- Quiero que le quede algo claro - dijo con un tono que no admitía réplica - yo nunca me he metido con su vida personal, que sea la primera y la última vez que usted lo hace con la mía - volteó tomando el pañuelo del que antes mostrara turbación para darle la espalda al maestro y estornudar una vez más... esa gripe la volvería loca.

McCormack estaba consternado, como se atrevía aquella simple becaria a hablarle así, se sentía irritado pero a la vez empezaba a ver a la señorita Rosdniw con otros ojos.
-Esta vez pasaré por alto su comportamiento señorita Rosdniw pero la próxima vez daré parte al decano de esta sacrosanta facultad sobre su descarado comportamiento, más propia de una vulgar mujer de la calle que de una señorita respetable como usted. Pero contésteme Marianne- le dijo esto último suavizando su tono de voz -¿de qué conoce a mi amigo Karel?-

Marianne alzó la mirada asintiendo...
- Vulgar mujer de la calle - dijo suavemente y miró al profesor - bien - asintió - creo que antes de Becaria soy una dama decente - le miró fijamente - jamás he propiciado ningún comportamiento indecente - le observó - y, sobre todo, creo que usted se ha olvidado que soy dueña de uno de los despachos que más fama está teniendo los últimos años, así que si vamos a difamar al otro, de acuerdo, pero nos veremos en juicio, profesor Mc. Cormack - se levantó de su asiento - soy una becaria, pero no soy una más de las mujeres que puede usted amedrentar... además - entornó los ojos - creo que al decano de esta sacrosanta facultad le interesaría saber lo que pasa con tres profesores de su nómina... -

Guardó el pañuelo en el bolsillo...

- Si quiere jugar a amenazar, primero tenga los ases en la mano... - entornó los ojos - y repito, es la última vez que se entromete en mi vida, profesor Mc. Cormack... la próxima vez, no advertiré...-

-No no no, quieta, ha malinterpretado mis palabras- McCormack, se levanto raudo de su asiento y se dirigió junto a la becaria -por favor Marianne, siéntate-

- Señorita Marianne - reclamó la chica mientras se sentaba cerrando los ojos un instante ante el embate de la enfermedad... Empezaba a dolerle la cabeza.

Ciceron se puso detrás de ella y apoyó sus manos sobre los tensos hombros de la chica empezando a masajearla, "Ron" era todo un experto en masajes o. -Marianne mira... y perdona que te tutee, últimamente te noto tensa y eso no me gusta, supongo que con tu trabajo como prestigiosa abogada y hacer de becaria ante un profesor con fama de duro se debe hacer muy difícil por lo que creo que nos deberíamos conocer mejor, vendrás conmigo a Praga, será un viaje muy interesante-

- No me toque - dijo con firmeza alejándose de él - exijo el respeto que yo misma os he dado todo este tiempo.-

Sí, era cierto que el profesor era apuesto, más que apuesto... pero no permitiría siquiera que la sumara a la larga lista de conquistas que tenía encima, no podía permitirse el lujo...

-Sólo la intento relajar, se me da muy bien tu sólo déjate llevar- le dijo mientras intensificaba el masaje -La verdad es que usted es una mujer única hecha a si misma, independiente no necesita de un hombre, no es como las demás, eso es lo que me llamó la atención de usted desde el principio- le dijo susurrándole al oído

- ¿Quiere agregar el cargo de seducción a los ya establecidos?- dijo con voz dura, no podía ceder... tenía algo más importante que hacer en la vida que vivir la suya propia... y tenía una enorme deuda de gratitud que no podía pagar de esa manera...

-Ves eso es lo que me gusta de ti, las demás ya habrían caído rendidas a mis pies pero tu no, tu te resistes y eso hace todo más interesante, ves como eres única- le dijo mientras su mano derecha se deslizaba lentamente hacia su pecho

- Tócame y te costará caro - entornó los ojos... aunque por dentro no supiera qué hacer... un poco asustada por la misma situación, un poco incitada por ella.

-Claro que me costará caro, ahora ya no podré ver a las demás de la misma manera, ya nada será igual- su mano seguía deslizándose lentamente llegando ya al inicio del pecho.

Un golpe seco sonó en la habitación, Marianne había golpeado esa mano antes de que la rozara siquiera, luego, la otra viajó en el espacio hasta llegar al rostro del profesor, estampándose con fuerza en él...
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Augusto Cartago
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Lun Jun 25, 2007 12:42 am

Por más que le gustara, no podía permitirle que la tomara por una cualquiera... tenía la suficiente cuna para que la cortejara de las maneras adecuadas y no como si fuera ella una simple y vulgar campesina.

Ron retrocedió unos pasos ante la feroz bofetada de su becaria -Está bien se encajarlo con deportividad- "frigida" -quizá haya sido muy brusco, discúlpeme. Bueno será mejor volver al trabajo- le dijo mientras volvía a su silla -y bien ¿de qué conoce a Karel Urba?-

Marianne reconoció el peligro de la situación, el hombre le gustaba, pero sabía bien que corría peligro estando a su lado... la reputación de su familia corría peligro...

- Renuncio - dijo con voz clara - mañana presentaré mi renuncia con carácter de irrevocable ante el rector.-

-NOOOOO- grito saltando de su silla como un resorte -pero que le pasa, recapacita, de que tienes miedo, dime. Tu vales muchisimo, no puedo permitir que abandones el barco. Una mujer de tu intelecto y porque no decirlo también de tu belleza, eres un diamante en bruto y yo puedo tallarte, no renuncies te lo pido por favor- se acercó a ella, la cogió de la mano y la conmino a levantarse -ven sentémonos en esa mesa-

La mesa estaba al lado de la ventana ante un bucólico paisaje -tengo te preparado- Ron espero a que Marianne se sentará, le sirvió el te y se sentó a su lado, apoyo su mano en su pierna -Dime que te ocurre, tienes algún problema fuera de lo que es la Universidad, quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que sea-

Marianne le tomó la mano, la llevó hacia el cuerpo de él y le miró fijamente.

- Usted no entiende que no debe tocarme, así que por eso me voy, no quiero estar siendo presionada cada dos o tres minutos... gracias, pero claudico... - tomó el pañuelo con rapidez, levantándose y alejándose de él para estornudar de nuevo varias veces más... tosió levemente y negó - mañana tiene su renuncia aquí.-

Ron se quedó pensativo mirando como su preciada becaria se iba -Por cierto antes de que te vayas tengo una excavación arqueológica para ti este verano en Egipto, si te interesa no te vayas y te promete que no intentaré seducirte, palabra de honor-

Marianne se quedó estática... entornó los ojos y volteó a mirarle, ahí estaba ese brillo de curiosidad nata que siempre tenía, de interés por conocer más cosas y él sabía que ella se moría por ir a una excavación... y si era en Egipto...

-La excavación es en el templo de Luxor, bajo mi dirección, este verano, aprenderás todos los secretos de la arqueología, si te interesa siéntate y hablamos- le dijo conminándola a sentarse

- Luxor - susurró con voz débil y ronca, la garganta empezab a cerrársele... sin darse cuenta cómo, se descubrió enfrente de él, lista para escucharlo todo...

Una vez sentada, Ron le sirvió el te, -Mira antes de contarte lo de la excavación, quiero que me contestes algo que ya te pregunte unas 4 veces ¿de que conoces a mi amigo Karel Urba?-

Marianne parpadeó y pareció pensarlo mucho... meditarlo... Al final suspiró y negó con la cabeza...

- Él me dio mis primeras clases sobre arqueología - susurró - yo sólo era una pequeña niña y me iluminó, por así decirlo - se encogió de hombros - estuvo con mi familia cerca de dos años... entre el ir y venir de una investigación...-

-¿y de que lo conocían tus padres?-

- Ah... - dijo buscando las palabras... tenía que encontrar una buena excusa - pues... -

-Si te escucho- le dijo acercándose a ella sin tocarla

Tomó la taza de té que se le había invitado e hizo tiempo poniéndole un poco de crema y azúcar...

- Fue por medio de mi padre... él conoció a Karel en un viaje que hizo y se hicieron amigos... así que cuando vino a... Londres - se mordió la lengua - se hospedó en... casa...-

A Ciceron, no le convenció la historia por completo "bueno da igual ya le preguntaré a Karel" -Bueno muy bien, este finde semana parto hacia Praga, si quieres venir conmigo puedes acompañarme, pero dímelo ya que hoy saco los billetes del barco para Francia y de allí en tren, ¿te gusta la idea?-

- Barco... tren... - meditó - ¿Qué línea usarás?- Si usaba la de primera clase, estaba perdida, muchos capitanes la conocían...

-En tren iré en el Orient Express y en barco la que te lleve a Francia lo antes posible, si sabes tu de alguna dímelo y ya sacamos los billetes-

- La Star Express - dijo a sabiendas de que acababan de darle el permiso para navegar... así nadie la reconocería... - y pues... en tren no hay problema - era Francia, pocas veces había tocado esa tierra.

-Muy bien, me acompañas a sacar los billetes, después si quieres te invito a cenar y hablamos de nuestro proyecto de Luxor- le dijo poniéndose en pie para ir a buscar su chaqueta


- No puedo - dijo negando - tengo cita con el... - estornudó una vez más - médico... -

-oh si, iré yo a por lo billetes. Por cierto ¿a qué medico vas?-

No podía decirle con qué médico iba... así que sonrió levemente.

- Con el facultativo - dijo mientras se levantaba - así que... gracias - buscó su bolso y sacó unos billetes - creo que con ésto es suficiente para costear el viaje.-

-Eh.. oh si pero ¿que hay de la cena para hablar del proyecto?- le dijo con la esperanza de que aceptara su proposición

¿Cómo podía escapársele? Fue el pensamiento base en su mente... y al final, se quedó azorada cuando se escuchó decir:

- A las nueve... en mi casa... -

Ron se dirigió a su mesa, rebuscó en el cajón y cogió la ficha de Marianne donde vio su dirección -muy bien allí estaré a las 9, por cierto vete elegante, no te voy a llevar a cualquier sitio.-

Esa noche, Marianne no pudo ir a cenar como había acordado, la gripe le había pasado factura y estaba en cama con fiebre alta...

Sin embargo, para el viaje, ya se había recuperado lo suficiente para no tener problema alguno... Viajaron casi dos semanas, primero llegaron a Francia y de allí en tren hacia Praga, Marianne siempre procuraba hablar del trabajo o de la arqueología, sin dar pie a que se hablase de algo más personal a pesar de algún que otro intento discreto de McCormack, en el fondo le dolía que una mujer le rechazara sobre todo ella, a pesar de que en Luxor le iba a dar un puesto de importancia, ella seguía evitando al profesor.
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Lun Jun 25, 2007 6:59 am

Tras un largo viaje, el profesor y su becaria llegaron al fin a Praga, una ciudad realmente preciosa que Marianne contemplaba por primera vez desde el bucólico traqueteo del tranvía. Tras varias paradas, llegaron a su hotel el Pariz, un hotel de principios de siglo junto a Námestí Republiky.

- Espero que te guste el hotel Marianne, fue construido como sabrás, por [color=olive][b]el célebre arquitecto Jan Vejrych, como ves, es un edificio de estilo neogótico con ciertos toques art noveau - le dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

Marianne miró con ojo crítico el lugar, no por las estrellas que pudiera o no tener, si no más bien por las mismas especificaciones que Mc. Cormack mencionara... notó cada parte, cada detalle y luego, sonrió.

- Un buen ejemplo de su estilo... - dijo suavemente asintiendo.

Al entrar un botones se dirigió a ellos para ocuparse de sus maletas.

- Dankesen junge - le dijo en perfecto alemán - espero que sepas alemán, te será muy útil para manejarte por Praga - le dijo a Marianne. Se dirigieron a recepción y Ron tocó el timbre para alertar al recepcionista de su presencia. El recepcionista se acercó hasta el mostrador y en checo le dijo:

- Hola buenos días.

Marianne juntó las cejas hasta formar una delgada línea, la verdad es que no sabía nada de alemán y eso la molestaba un tanto... tendría que aprender y lo mejor era contratar a alguien para que hiciera lo necesario.

Ron se dirigió en alemán al recepcionista.

- Buenas tardes, tenemos una habitación reservada a nombre de McCormack, quizá la señorita se queje de que sólo haya una habitación, pero usted dígale que es la única disponible, le daré una buena propina o sea que sígame el juego, ¿Está de acuerdo?

El recepcionista lo miró con gesto sobrio y serio.

- Muy bien, serán 250 coronas por noche - dijo con naturalidad en alemán, cuando el cartel indicaba claramente que valía 150.

"Joder con la propinilla"

– Vaya - dijo dirigiéndose a la señorita Rosdniw - parece que hubo un error en la reserva y nos han dado una sola habitación y no tienen más, tendremos que compartirla - le miró a los ojos con cara de compungido – bueno, deben ser las navidades que se llenan los hoteles en Praga, ya me lo había advertido Max, bueno será una experiencia curiosa ¿No cree?

Marianne parpadeó y luego asintió...

- Pues - dijo pensativa y entornó los ojos - no hay ningún problema - sonrió levemente - antes de venir hablé con un viejo amigo y me sugirió la idea de pasar los días en su casa - lo cual era falso, pero no iba a dormir en la misma habitación que ese hombre, qué diría la sociedad, qué dirían sus padres si se enteraban... no, era una dama y como tal, debía comportarse - así que usted puede disfrutar del hotel, yo iré a con mi amigo...

A Ron la historia le sonaba a chino, esta chica no había estado en Praga en su vida y no le había dicho nada del amigo eso, le sonaba raro esa historia...

- ¿Y qué amigo es ese? ¿Dónde vive? Mire Marianne, su honor va a quedar intacto, dormiré en el suelo o en la bañera de él, si hace falta. No se preocupe por nada - le dijo con el tono más amable y sincero que pudo.

- No voy a quedarme en un mismo cuarto que un hombre - dijo con firmeza - nunca lo he hecho y no lo haré ahora... - entornó los ojos.

- No se comporte como una chiquilla Marianne, ya tiene 26 años y es toda una mujer para andarse con esas tonterías, subamos a la habitación YA, tenemos muchas cosas que hacer antes de la cena - Ron la cogió fuertemente del brazo intentándole demostrar quién manda aquí - y no se le ocurra replicarme - le dijo empezando ya a llevarla hacia el ascensor.

Marianne soltó su brazo con fuerza, ni siquiera tenía los modales necesarios...

- ¿Sabe? No me interesa... iré a buscarme mi propio hotel y vendré aquí a la hora que usted indique - gruñó decidida - no soy una chiquilla, pero tengo un honor y una reputación que mantener -entornó los ojos mirándolo con determinación - y no me iré a dormir con usted ni con nadie...

"Así tenga que hablarle a mi padre para que me consiga dónde dormir" pensó determinada.

"Dios... qué mujer, qué ímpetu, ésta me trae por el camino de la amargura"

- No tranquilícese no hace falta que se vaya, hablaré con el recepcionista - Ron se dirigió al mostrador - deme la mejor habitación que tengan, esa chica se lo merece, eso y mucho más - le dijo en su perfecto alemán.

El recepcionista miró a Ron con la misma sobriedad y seriedad.

- Serán 250 coronas también "mister"

Marianne se quedó parada en su lugar mirándolo... y luego entrecerró los ojos... ¿Qué no se suponía que no había habitaciones disponibles?

- Muy bien, gracias - el recepcionista les dio las llaves de sus respectivas habitaciones - Aquí tienes la tuya Marianne, es la suite presidencial, la mejor habitación del hotel, no te quejarás, por supuesto todo esto lo pagaré yo, no quiero que te equivoques conmigo, querida Marianne no soy un vulgar ligón, ni esto una treta para llevarla a la cama - "Aunque daría lo que fuera por pasar una noche de lujuria contigo"

Marianne alzó una ceja sorprendida... se sonrojó sin saber bien qué hacer con Mc. Cormack y luego suspiró profundamente...

- Muchas gracias, pero lo pagaré yo... no recibiré lo que me corresponda por mi trabajo el tiempo que reste hasta no completar la cantidad y - aclaró - si no la completo, yo misma pagaré la diferencia.

- No, por nada del mundo dejaré que pague, es una cuestión de honor - le dijo con tono serio - el botones te llevará las maletas a la habitación, ¿Nos vemos en media hora para cenar? la llevaré a un restaurante buenísimo.

Marianne le miró un largo instante, en sus ojos se vislumbraba la duda, pero al final, asintió solemnemente.

- De acuerdo... con su venia...

Al llegar la noche Cicerón, o Ron como le gustaba que lo llamaran sus amigos, llevó a Marianne a un magnífico restaurante en el barrio judío de la capital Bohemia, El ambiente era de lo más agradable y lujoso. El restaurante presentaba una magnífica decoración art deco que inspiraba a los comensales a la relajación y al disfrute de los magníficos manjares que ahí se ofrecían. A la luz de las velas el profesor se había comportado como un auténtico gentleman inglés.

A la mañana siguiente, a las 7h00 de la mañana un camarero llamó a la puerta de Marianne ofreciéndole un completo desayuno que venía acompañado de una rosa. Se podía leer una nota que ponía:

"Espero sinceramente que haya pasado una agradable velada anoche. He disfrutado en su compañía. La espero dentro de una hora en recepción. Amistosamente, Ron.”

Marianne tomó la rosa y la nota suspirando profundamente conmovida... se había comportado bastante bien tomando en cuenta cómo había "iniciado" todo, ahora... ahora estaba confundida y eso la hacía sentirse insegura...

¿Qué hacer con el señor Mc. Cormack?

Una parte de ella quería dejarse llevar, la otra, la apegada a sus obligaciones, sabía que podía ser demasiado riesgoso para su familia...

Sin embargo, cada detalle, cada molestia, cada forma de agasajarla le era más que conmovedor...

¿Es que acaso se estaba enamorando de él?

Ron estaba ya en recepción cuando bajó Marianne, al verla, se acercó a ellam le tomó la mano y se la besó.

- Espero que hayas disfrutado del desayuno - le dijo con una mirada cómplice.

- No tanto como la rosa - se le escapó y se quedó sonrojada un leve instante... intentando recuperarse susurró - ¿Cuál es el plan para hoy?

Sin soltarle la mano, empezó a hablarle mientras salían del hotel.

- Pues esta mañana he intentado contactar con Karel Urba, pero me ha sido imposible, me he tomado la libertad de contratar una calesa para ir hacia la universidad, será un paseo idílico donde podremos contemplar la hermosura de esta ciudad, aunque quedará un tanto empañada ante su presencia.

- Gracias, señor Mc. Cormack - dijo con voz suave, dejándose llevar, para el placer del hombre, no separó la mano como hubiese hecho en otras ocasiones - por todo...

Quizá fuese que lo había malinterpretado, pero al menos, por ese día, se dejaría llevar.

Al llegar a la universidad, Ron ayudó a bajar a la señorita Rosdniw, habían tenido una conversación agradable y muy interesante, aunque McCormack a la vez tenía la cabeza en otro lado, "¿Qué me está pasando? No puede ser, pero es verdad, me estoy enamorando, maldita sea". Al llegar, a la puerta de la facultad de ciencias:

- Marianne - se quedó callado sin saber qué decirle - yo sé que me he comportado como un idiota estos días atrás, quisiera darle mis más sinceras disculpas por el comportamiento que he tenido con usted estos días atrás... emmm... yo... es que ahora la veo de... no sé, quiero decir que eres... bueno... mmmm.... creo que será mejor que entremos o llegaremos tarde - "Pero qué te pasa, es la primera vez que no te atreves a declararte a una chica, esto no es normal, estoy hecho un flan" en ese momento Ron empezó a notar un ligero calorcillo en la cara, se estaba poniendo rojo como un tomate.

Marianne se quedó turbada, no sabía bien qué había pasado en el señor Mc. Cormack, pero tampoco quería descubrirlo, como él la presionara un poco... negó levemente con la cabeza y se dejó conducir obedientemente.

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E. Peregrin
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Dom Jul 01, 2007 3:56 am

Aquella maldita fiesta había ido como había esperado, muy divertida para todo el mundo, pero terriblemente mal para sus planes.

En cuanto que tuvo un momento, Vanel se le había acercado, y tras un par de comentarios completamente vanales acerca de alguna invitada, abordó el tema de Praga.

Antes de que comenzara a hablar siquiera, ya sabía que le tocaría hacer el viaje. Estaré muy ocupado con el nuevo rodaje... el estudio no me lo permitirá, y otras tantas excusas para ahorrarle el abandonar su querida ciudad de las luces, escurriendo el bulto en otros, pero usted es también amigo del profesor… me quitaría un peso de encima si le presentase mis disculpas personalmente.

Sabía perfectamente que no estaba en condiciones de negarse, y la promesa de un generoso trabajo a la vuelta había sido completamente innecesaria, pero Vanel, como tantos otros triunfadores jóvenes de su época se permitía el dilapidar auténticas fortunas en caprichos mientras que sus contemporáneos se esforzaban por reconstruir las ruinas que la Gran Guerra les había dejado.

El resto de la noche la pasó luchando contra un sentimiento de culpa que lo agobiaba, sobre todo por el hecho de que no debería de haber estado ahí. Había hecho promesas similares a más de una decena de mujeres, y la mayoría de las veces no había podido cumplirlas, pero no había ocurrido nada, ¿por qué esta vez era diferente?

En un momento dado incluso tuvo que salir al jardín de la mansión del actor, agobiado por una sensación de ahogo completamente extraña en él, ni siquiera comparable a la que sintió en su breve paso por las trincheras.

Los casi veinte días siguientes fueron sumamente atípicos, ya que la mayor parte de su tiempo se vio monopolizado por Karinne, sacándolo de la rutina que por lo general solían tener sus períodos de descanso.

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Finalmente, el día 20 de diciembre, a las nueve menos diez, François llegó a la Universidad, vestido con un sencillo traje claro, y aun turbado por los pensamientos que lo ocupaban desde que dejara Francia.



El día 18 de diciembre, tras haber partido de París, y mientras se esforzaba por que sus ojos no se cerrasen ante el sueño, ayudados por el rítmico traqueteo que agitaba el vagón de primera clase en el que se dirigía a la capital checoslovaca, no paraba de darle vueltas a un detalle, a la gota que finalmente había colmado el vaso.

Llevaba casi diez años haciendo su trabajo, y llevando una vida de la que estaba sumamente orgulloso, y de la que se permitía tomar todo aquello que le apetecía, y en todo ese tiempo nadie lo había acompañado para despedirlo en ninguno de sus viajes hasta hoy.

Tenía que aprovechar el viaje para aclarar sus ideas, lejos de influencias externas cercanas al problema (sí, problema) que tenía entre manos. Aquel insignificante detalle, por encima de todos los momentos compartidos, marcaba para François un punto de no retorno. Había llegado a un punto en el que no valían las medias tintas, y no estaba seguro de querer continuar, de perder esa libertad que le hacía sentirse infinitamente por encima de todos sus ricos e importantes clientes, y por encima de todo no estaba seguro de si debía de arriesgarse a que nadie descubriera quién era en realidad François Toulour.
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Lucie de Bélancourt
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Dom Jul 08, 2007 5:37 pm

Es el día D a la hora H, la Universidad Carolina de Praga ha abierto sus puertas. El regio lugar, el llamado Karolinium, cuyos primeros ladrillos datan del remoto s. XIV espera a los llamados a ser protagonistas de esta historia que han acudido al lugar de su cita con el prestigioso catedrático de geología el Dr. Karel Urba.




Los minutos se desgranan mientras los presentes se pueden entrever, ver, observar, tal vez presentarse y conversar.

Al cabo de media hora, Marianne, Cicerón, Martin, Bohumil, François y Cornel pudieron ver como un hombre se adelanta hacia ellos. Vestido con un traje y chaqueta gris, la raya del pelo a un lado y finos rasgos de los que destacan una montura de gafas ovalada que da un aire intelectual a su propietario, el varón empieza a hablar:




- Buenos días, soy Jaroslav Heyrovsky, auxiliar de cátedra del Dr. Urbaafirmó el hombre que tendría una treintena de añosPensaba que el Doctor aparecería hoy al haberlos citado pero veo que me equivoqué- negó con gesto de preocupación y pesadumbre.

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Martín
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MensajeTema: Re: Interpretativo   Lun Jul 23, 2007 6:32 am

Era aun temprano cuando llegaron a aquella muestra, la geología no era una de las pasiones de Martin, pero que se tratara de una exposición de rocas extraterrestres cambiaba el panorama. Aunque era más que obvio que las cosas realmente interesantes no estarían a la vista del publico, poder tener frente a sus ojos esos escombros, que habían surcados los vacíos infinitos del espacio y viajado por quien sabe que confines del misterioso universo, era algo fantástico.

En esos momentos otras personas empezaron a llegar, los otros invitados entre los cuales el periodista no se sorprendió de ver rostros familiares. Sonrió y golpeo leve y disimuladamente a Bohumil con el codo.

-Si que ha traído figuras interesante el Dr Urba eh- dijo esperando que este reconociera los rostros como él lo hacia

-Sí, claro- Dijo Bohumil con una mentirosa seguridad. En realidad se preguntaba quienes serian esas personas.

Martin pensó un instante, esas figuras, todas tenían historias sospechosas que contar, quizás aquello fuera un patrón, Urba no había invitado a sujetos al azar -¿Crees que podría haber una conexión entre todos los invitados?

-Sí, claro, vienen a ver la muestra- Respondió Bohumil seriamente, sin que se le moviera un pelo, haciendo de su frase una broma no declarada.

El periodista se rió al escucharlo, le sorprendía la seriedad con la que podía hacer un comentario como ese -¿Sabes quienes son todos ellos?- preguntó aun sonriendo

-¿Los invitados del Dr. Urba?- Preguntó Bohumil, buscando esconder su ignorancia en las tautologías.

Martin rió una vez más negando, entonces le hizo un gesto con la cabeza para que se arrimaran a algunas de las rocas de la muestra -Son figuras bastante reconocidas- Señaló una de las rocas cerca de ellos y cuidando estar a una distancia prudencial, donde nadie pudiera oírles explicó –Disimula, mueve la cabeza, mira las rocas y enséñame algunas- dijo y continuó- ¿vez al de traje blanco? Es un “merchante” parisino, François Toulour, nunca hable con él pero es famoso entre los ricos y acaudalados de Francia,porque negocia, supuestamente, con obras de arte. Aunque tengo motivos para creer que es solo una fachada, algunos dicen que lo que en realidad vende son armas, otros dicen que personas, pero yo creo que es algo mucho más oscuro – dijo cambiando de lugar, moviéndose para no llamar la atención – yo creo que vende antiguos objetos que poseen una energía especial, objetos rituales, místicos y arcanos

-Mmm, pero que rocas tan interesantes. Claro que hay que tratarlas con cuidado, esos cristales parecen filosos. Me pregunto si a través del doctor podremos saber lo que guardan en su interior realmente- Dijo, como si hablara de los minerales en la muestra.

-El feo -continuó el periodista- estoy seguro de que es Cornel Wallace, una eminencia en el campo de la química y, lo que pocos saben, un obsesionado con los secretos de la vida y la muerte, muchos sospechan que busca descifrar antiguas formulas alquimicas y hasta necromanticas, creo que intenta completar lo que Leonardo Fioraventti dejo inconcluso

-Bueno, parece que se muestra la famosa conexión a la que hacías referencia entonces

**-Ja! Mc Cormack pirata- dijo sonriendo y negando con la cabeza a ver al arqueólogo con una hermosa y desconocida joven a su lado – entonces era cierto – dijo como si se confirmara para él mismo un rumor - siempre tiene alguna joven a la que engatusar con promesas falsas para llevársela a la cama y después darles nada -** volvió a reír y negar con la cabeza, entonces dirigió sus pasos más lejos esta vez ya que le pareció que ese ultimo comentario había sido oído – Cicerón Mc Cormack es un arqueólogo muy reconocido, tanto por sus descubrimientos, como por sus andanzas amorosas y sus poco convencionales teorías respecto a las antiguas civilizaciones, he leído un libro suyo sobre la posible ubicación de la Atlántida, otro donde explicaba algunas religiones antiguas y otro sobre la alineación de las pirámides, este ultimo en especial muy interesante, pero sospecho que se guarda muchas cosas…

-No escribió nada sobre como conseguir a las chicas, ¿no? - Preguntó Bohumil, mientras husmeaba una de las vitrinas.

Martin rió una vez más -No hace falta, lo único que hace es prometerles alguna mega excursión arqueológica, toda una gran aventura, o un gran viaje a lugares exóticos, con eso le basta, todo demasiado obvio- dijo menospreciando las habilidades del arqueólogo -además tampoco es tan difícil, con una buena disposición para decirles lo que quieren oír basta para conquistar a cualquier mujer, se creen lo que sea

-Sí, en especial las Francesas, según dicen- Agregó, mientras se mostraba muy interesado en uno de los minerales expuestos.-¿Algún otro dato relevante? Parece que va a ser una reunión interesante

-Ah no te creas, las Checas también saben moverse, desde que llegué ando con dos- dijo poniéndose ahora si a ver las rocas de la exposición -Bueno, no que recuerde ahora, pero todo esto se me hace muy raro, el Dr Urba tiene fama de hombre escéptico

-Sí, me parece que no te va a creer lo de las dos muchachas- Dijo, mientras seguía simulando que observaba la muestra.

-¿Como? ¿Dudas de mi capacidad de conquista? Ja, no hay mujer con la que no pueda- dijo orgulloso

-No, no yo, sino el escéptico doctor Urba. Recuerda que yo soy un hombre que cree en los milagros- Respondió con gesto serio, obviamente en broma.

- Ah si- dijo asintiendo con la cabeza - bueno pues entonces hagamos una apuesta ¿te parece?

-Le escucho- Dijo con un formal respeto, mientras se paraba derecho frente a él.

-Ponme un objetivo, una bella señorita que dudes pueda conquistar, dame un plazo de tiempo y dime que ofreces si yo gano, entonces te diré que doy si pierdo, aunque como eso no pasara... - dijo con confianza

-Mmm, recuerdo a ver visto a una chica muy linda en la isla de Bali. ¿Qué tal si mañana la invitas a tomar algo? Creo que tenía un botón en el bolsillo, serviría de recompensa- Dijo sarcásticamente.

-Ah no, ahora no me vengas con esas, dudaste de mis grandes capacidades ahora no te hagas atrás

-Te propongo lo siguiente, preséntame a tus dos compañeras, déjame hablar con ellas unos minutos, y con eso me basta para reconocer tus habilidades seductivas

-De acuerdo, pero de más esta decir que no puedes nombrar ni insinuar nada de la una frente a la otra, y tampoco menciones que eres parapsicólogo o que tengo alguna relación con cosas ocultas, las mujeres no entienden esas cosas y "se asustan"

-Perfecto- Bohumil anotó en su libreta los términos, tal cual fueron citados por su compañero, y selló el pacto con un apretón de manos.

Pudieron ver entonces como un hombre se adelanta hacia ellos. Vestido con un traje y chaqueta gris, la raya del pelo a un lado y finos rasgos de los que destacan una montura de gafas ovalada que da un aire intelectual a su propietario, el varón empieza a hablar

- Buenos días, soy Jaroslav Heyrovsky, auxiliar de cátedra del Dr. Urba – afirmó el hombre que tendría una treintena de años – Pensaba que el Doctor aparecería hoy al haberlos citado pero veo que me equivoqué- negó con gesto de preocupación y pesadumbre.

El periodista no tardó en anotar el nombre del hombre que se presentaba en su pequeña libreta para a continuación guardarla y tomó la palabra.

-Discúlpeme, pero con su permiso, me gustaría hacerle algunas preguntas- dijo sin esperar si aquel hombre le permitía o no seguir hablando – en primer lugar ¿Conoce usted el motivo por el cual el Dr. Urba no has citado? De ser así, le agradecería si pudiera decírmelo puesto que me intrigan los posibles motivos del Doctor para tal convocatoria- obviamente sus intenciones son podían ser darles un paseo por la muestra, había gente de toda Europa, tampoco era un deseo de hacer públicos sus hallazgos, pues era ilógico que él fuera el único miembro de la prensa presente – y bien, en segunda ¿Tiene usted conocimiento de algún posible motivo para que el Doctor nos e hiciera presente?
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Todo lo que esta entre los **, según las tiradas de Sandra, lo escuchan Cornel y Cicerón

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MensajeTema: Re: Interpretativo   Mar Jul 24, 2007 7:45 am

Marianne observó a su alrededor con interés, varias piedras llamaron su atención, pero no de una manera que la hiciera olvidar el mundo que le rodeaba, era consciente de las personas que habían llegado, una tras otra al lugar, al mismo tiempo, de lo diferentes que parecían ser los unos de los otros, pero unidos por una misma causa: la exposición...

Cuando Jaroslav Heyrovsky hizo acto de presencia, Marianne le observó fijamente, no sabía por qué, pero le recordaba a cierto sujeto que había visto alguna vez entre los libros de su padre, libros de historia sobre otros países y generales con grandes victorias sobre sus espaldas...

¿Cómo se llamaba ese general?

Lo tuvo en la mente durante instantes preciosos, sin saber bien dónde ubicarlo, hasta que su mente brilló iluminada por el recuerdo...

Claro, el General mexicano Ignacio Zaragoza, que había mantenido a los franceses lejos de la victoria en aquélla batalla del 5 de mayo, la batalla de Puebla, creía recordar... donde los franceses, tan disciplinados, habían caído con lo que consideraban sus inferiores en cantidad, adiestramiento e inclusive, había leído en algún lugar, raza... y habían terminado derrotados en aquélla ocasión.

Era gracioso cómo se parecían, juraría que sería ese mexicano de no ser por su acento, su nombre y claro, el hecho de estar muchos años después viviendo en una época que era realmente de innovaciones y avances que dejaban perplejo a más de uno...

Observó de nuevo las rocas preguntándose... ¿Realmente había vida en el exterior?

Decían que el universo era basto, tan enorme que sería imposible saber dónde acababa...

¿Era bueno ser tan egoístas y pensar que eran la única raza en todo el universo que coexistía y se mantenía con vida?

Con esos pensamientos, Marianne se quedó un instante separada del grupo... muchas cosas rondaban en su cabeza, pero pocas eran las que aterrizaban realmente en ella...

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MensajeTema: Re: Interpretativo   Dom Jul 29, 2007 5:13 pm

Jaroslav observó a Martin un segundo y tras ello contestó – Realmente desconozco los motivos reales del profesor Urba para invitar a cada uno de los aquí presentes, simplemente tengo entendido que todos lo conocéis – resopló y negó – En cuanto al motivo de su ausencia me es totalmente desconocido... El doctor lleva dos días sin aparecer por la Universidad y no avisó, algo extraño en él. Tampoco puedo entender que no acuda a esta cita... Hoy he de reconocer que esto empieza a preocuparme... sobre todo después de lo que ocurrió el mes pasado... – negó nuevamente compungido

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