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 El Anochecer

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Lucie de Bélancourt
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MensajeTema: Re: El Anochecer   Sáb Ago 11, 2007 6:32 pm

- ¿Tienes solo para ti un vástago de la mas alta clase, y quieres aprender sobre política y sociedad vampírica leyendo? Chiquillos...

- No digo eso... Simplemente leyendo me puedo hacer alguna idea y de ahí poder hablar contigo... Para no partir desde cero. Es una cuestión de pragmatismo, nada más.... y también es para tu salud mental, si empiezo a preguntar no paro y tampoco te quiero aburrir. - dijo con franqueza.

-Tu nunca podrás aburrirme, siempre sabrás buscar la forma de mantenerme cautivado- dijo besándola en los labios y probando ahora si algo de su sangre - y no te preocupes, podré yo solo cubrir todo lo que sea necesario para que comprendas, nunca he tenido un chiquillo antes, pero no quiere decir que no sepa encarar una tarea de este tipo.

Laura sintió los colmillos de Stéphane clavándose en su piel, volviendo a disfrutar de aquel dulce placer. Cuando terminó de hablar lo besó y al separarse de sus labios dijo - Así no me vas a dejar concentrarme - dijo negando pero con una sonrisa no exenta de picardía.

El le devolvió la misma sonrisa -Y bien ¿por donde quieres empezar mi pequeña?- ofreció él.

- Por lo que tu quieras - dijo Laura con una sonrisa. El decidiría, él le había "provocado" pero por otra parte tenía aprender y el tiempo apremiaba.

-Entonces empezaré por ti- dijo mordiéndole los labios nuevamente para acceder al dulce elixir de la vida, aquella sangre aunque alguna vez había sido suya, ahora volvía a si, aunque nunca había dejado de pertenecerle.

El sonido de la puerta sacudiéndose interrumpió al vástago mientras bebía. Stéphane cerro al herida con un gesto molesto, vio entonces a Laura - Discúlpame solo un instante mi pequeña- volvió a besarle los Labios y la puerta seguía siendo golpeada, el toreador se encaminó hacia allí.

Laura miró para Stéphane y vio como interrumpía su gesto - ¿Ahora? - dijo sorprendida por el hecho de que fuera a atender a la llamada.

- Lo despacharé rápidamente- dijo mirando hacia ella mientras seguía caminando, abrió la puerta y se encontró con uno de sus ghouls, la mirada iracunda que clavó en el pobre monje hizo que este por poco huyera del terror, pero aun asi hablo tartamudeando. Laura no pudo entender lo que decía, pero si pudo darse cuenta que eso molestó aun más a su sire que volvió hasta donde ella para
decirle -Tengo que salir, pero solo serán unos minutos, tu espérame, prometo no tardar
Laura asintió viendo como se alejaba. Se había quedado sola y como siempre cuando la soledad se convertía en un obstáculo, tomó su guitarra. Echaba de menos a Stéphane. Las notas brotaron de sus manos con naturalidad al igual que las palabras, como si aquella canción se hubiera hallado en un rincón de su subconsciente desde que había nacido...desde que había vuelto a nacer. Con celeridad tomó un bolígrafo y empezó a transcribir aquel momento de fugaz inspiración. El pentagrama que había dibujado se estaba rellenando con una facilidad inusitada y las rimas se encadenaban, expresando sus sentimientos hacia aquel hombre que sólo había conocido dos nochs antes pero que llenaba por completo su no-vida salvándola del abismo que vislumbraba con demasiada cercanía. Stéphane estaba tardando más de la cuenta y Laura ya se hallaba haciendo arreglos en la composición musical. Ansiaba poder mostrarle aquella canción fruto de la unión absoluta que sentía por su sire.

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MensajeTema: Re: El Anochecer   Sáb Ago 11, 2007 6:34 pm

Había tardado más de lo previsto y más de lo que ambos hubieran deseado, al cruzar el umbral de la puerta la buscó con la mirada y al encontrarla caminó hasta ella disculpándose - Surgió un pequeño imprevisto del que tuve que ocuparme.

Laura lo miró con el semblante preocupado - ¿Algo grave?- No concebía que la pudiera abandonar en aquel momento por una frivolidad.

-Al parecer, el Abad decidió que prefería cometer el ultimo de sus pecados antes que tener que soportar el resto de su vida encerrado lejos de mi, pero se le pudo reducir sin dificultad.

Laura negó un instante y luego besó los labios de Stéphane - No pensemos en él ahora.- Ese hombre había hecho demasiado daño para que en aquel instante le diera verdadera pena, dejó un breve segundo antes de seguir - Escribí una pequeña canción mientras no estabas ¿Te apetece escucharla? -

-Todo cuanto venga de ti se me apetece, eres arte creando arte, en ti debieron buscar los Brujah su utopía- dijo mientras besaba sus manos.

Laura sonrió y negó a continuación - No soy ninguna entelequia - dijo recordando aquel concepto que le había explicado vagamente respeto al clan brujah. Sonrió nuevamente y empezó a tocar aquella canción.

http://www.yourfilehost.com/media.php?cat=audio&file=53973___La_playa_mp3.mp3

- Contágiame de tí en las estaciones.
Desviste mis asfixias, mis premuras.
Consuélame las lágrimas con besos.
Acércate y baila en mi cintura

Ven aquí, arráncame,
Llévame al lugar...
Donde mi pasión no es un engaño
ni mi orgasmo, pasajero;
ni mi virginal abrazo es un cuento decorado
con adornos de otros cuentos

Regálame tu imán, tus fantasías
y quédate pegado a mis costuras.
Enséñame a mirar con tus pupilas.
Acércate que baile en tu cintura.

Ven aquí, arráncame
Llévame al lugar...
Donde mi agonía no es tristeza,
ni mi júbilo, espejismo;
ni me crecen las espinas debajo del abismo
oculto entre mi falda-

Stéphane buscó un asiento sobre el que reposar para apreciar a Laura mientras empezaba a inundar el ambiente con su creación, y allí se quedo observando y oyendo, percibiéndole de forma completa mientras ella hacia.

Laura dejó que sus dedos arpegiaran las cuerdas de la guitarra sacando su dulce sonido de ésta. Acompañó aquella composición con su voz... Era la primera vez que cantaba desde que su corazón se había apagado y sin embargo ese era el órgano que regía las palabras y la composición musical.

El toreador se perdió en las notas que viajaban a través del aire desde aquella caja de madera incluso cuando el sonido había cesado ya, siguió escudándolas, perdiéndose en el infinito. Finalmente se puso de pie y no dijo nada, simplemente fue hacia Laura y la arranco, la arrancó para llevarla, para llevarla a aquel lugar donde su agonía no era tristeza

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Augusto Cartago
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MensajeTema: Re: El Anochecer   Dom Nov 04, 2007 7:27 pm

Héctor tras su liberación decidió invitar a su brillante abogado a uno delos mejores restaurantes de la capital, como muestra de agradecimiento por conseguir que lo liberaran.

-Bueno Montenegro muy buen trabajo y gracias otra vez- le dijo con una amplia sonrisa demostrando su agrado.

-No ha sido mas que mi trabajo, además eres inocente, pero esto aun no ha terminado el caso sigue abierto, hasta que el verdadero culpable sea entregado la justicia, seguramente te seguirán vigilando-

Héctor se quedo pensativo -...mmm... pero mira a mi me gustaría recibir una indemnización me han tenido retenido siendo inocente y exijo responsabilidades ya que considero que fue una detención totalmente arbitraria realizada por un policía que no me tiene especial simpatía- le comentó mientras comía un poco de salmón ahumado que les acababan de poner en la mesa.

-Tranquilo, ya veremos que se puede hacer, pero lo primero que hay que hacer es buscar al responsable de eso, y una vez que este tras las rejas y se halla hecho justicia, podremos avanzar contra Millalonco, antes, es complicado, además hay algunas cosas que siguen sin encajar, como por ejemplo ¿Cual fue el verdadero motivo por el cual vinieron a México?-

Héctor quedó callado "¿porque Antía me había engañado que era lo que ocultaba? no entiendo nada" era como si se hubiese abierto un abismo, tenía la sensación de que todos estos meses en México no sirvieron de nada "y ahora que hago" -Realmente sabes que te digo que no quiero seguir en México, mi vida aquí ya no tiene sentido, me gustaría volver a España dejar el periodismo e irme de ONG por el mundo adelante- se quedó con la mirada pérdida divagando.

-Ya, te entiendo, pero no debes precipitarte, es importante que ahora te centres en esto, quien hizo esto te quería tras las rejas y quien sabe que hará ahora que estas libre-

-Pero si yo no tengo enemigos, más bien creo que el que hizo eso simplemente iba a por Antía, yo sólo soy un daño colateral, ¿me entiendes?-

-Si, es una posibilidad, inculparte para desviar al atención, pero entonces ¿porque dejaría el cuerpo ahí para que tu lo vieras? si era una cuenta con ella, hubiera quedado sólo con ella-

-No se bueno, habrá que esperar a ver si la investigación avanza, aunque no tengo muchas esperanzas-

-No creas, mientras yo preparaba tu caso, me encontré con gente muy colaboradora, incluso algunos muy interesados en que esto saliera adelante- guardo silencio un instante - supongo que no tienes nada que hacer después de comer ¿no?-
-Pues no la verdad- le contestó mirándole con curiosidad.

-Bueno, mira, entonces ¿porque no vienes conmigo? hubo alguien que me ayudo bastante con tu caso y puso mucho interés en ayudarte, seguramente el gustaría conocerte en persona ¿que dices?-

Héctor se quedó sorprendido -Está bien, vamos allá-

-Tranquilo, comamos con calma y vamos, antes de salir lo llamo para avisarle y a ver si está despierto- dijo el abogado y siguió la cena con normalidad, al terminar hizo un llamada telefónica y luego se dirigió a Héctor con una sonrisa -todo listo, vamos para allá- tras los últimos arreglos salieron y se pusieron en marcha.

Durante el viaje Montenegro comento - Quizás hallas oído hablar de él, es un empresario de la carne, un Argentino que vende carne de su país aquí en México y en EEUU, Víctor Alberti-

-Pues no la verdad es que no me suena. ¿Y porque está interesado en mi caso? ¿es qué conocía a Antía?-

-No lo se, quizás te haya visto en la tele y se sintiera identificado por algo, la verdad, tampoco es que insistiera mucho en aquel tema, me estaba brindando bastante ayuda así que no podía quejarme-

Finalmente llegaron a una casa elegante y bien situada en las afueras del Distrito Federal, su dueño debía de amasar sus buenas fortunas. Entraron con el auto y fueron recibidos por por un hombre que les indico el camino hasta el estudio de Víctor, que les estaba esperando, con lo cual, les hizo pasar sin golpear.

Dentro estaba el hombre que Montenegro había mencionado, ataviado en su traje caminando de un lado al otro hablando por su teléfono móvil -Pero Carlitos ¿no sabes con quien estas hablando?¿Alguna vez te falle? dale, déjate de joder y dale para adelante y mantenme al tanto- cerro entonces su teléfono y volteo a ver a ambos que habían entrado en su despacho.

-Juliancito, querido - dijo saliendo de detrás del escritorio para acercarse a él y tomarle por los hombros con efusividad y aprecio - felicitaciones che- entonces miró a Héctor - Veo que viniste con nuestro amigo, un gusto- dijo tendiéndole la mano -Víctor Alberti para servirle-

-El gusto es mío- le dijo sin disimular su extrañeza.

-Me alegra de que saliera todo bien, mira que hay que ser hijo de puta para hacer algo así y encima intentar incriminar a la victima- dijo negando con al cabeza - pero siéntese che, no se van a quedar ahí parados toda la noche- dijo mientras el mismo iba a sentarse detrás de su escritorio.

-Le agradezco su interés por el caso señor Alberti- le dijo mientras se sentaba -pero tengo una pregunta que hacerle ¿porque se interesó por el? en un principio usted y yo no nos conocemos de nada-

-No, es verdad, pero no por eso iba a dejar de darte una mano, leí algunas de tus notas en el Universal y todo lo que pasó me aprecio una locura, no podías ser vos el culpable-

-...mmm...- A Héctor no le convencía aquella explicación -es decir que fue un acto de filantropía sin más. La verdad algo extraño en los tiempos que corren, venga vayamos al grano que es lo que quiere-

-¿Tan difícil resulta creerlo? pero es verdad, aunque claro, también la verdad es mas complicada, mira, me pareces un tipo inteligente, así que no te voy a andar con vueltas, pero hay algunas cosas que me gusta hablar en privado - miro al abogado como pidiéndole si era tan amable de retirarse y este a su ves miró a Héctor para ver si estaba de acuerdo.

Héctor asintió con la cabeza dando a entender al abogado que se podía retirar. Tenía curiosidad por lo que le iba a contar su benefactor.

Montenegro se despidió y salió del despacho cerrando la puerta tras de si. Alberti se puso de pie y camino hasta un lugar donde reposaban varias botellas y unos vasos -¿un Whisky?-

-Si, gracias- le dijo amablemente.

El hombre sirvió el vaso y se lo dio a Héctor para luego llenar uno para si y volver a sentarse frente a él, lo miro seriamente un segundo y luego se recostó sobre le respaldo de su asiento tras tomar un trago de aquella bebida -Héctor, voy a ser sincero con vos y espero que lo seas conmigo ¿esta bien? en primer lugar, lo que acá digamos, va a quedar ente nosotros, montenegro es un buen abogado muy profesional, pero no esta para otra cosa-

Héctor asintió -Estoy conforme, dígame entonces que es lo que quiere de mi-

-Necesito saber, cuanto sabes de todo lo que pasó, de tu mujer, del porque quiso venir hasta acá y del porque le hicieron eso-

Héctor se quedó extrañado -¿Pero porque quiere saber eso?, ¿conocía usted a Antía? ¿qué es lo que pasa?- dijo cada vez más excitado

-No, no la conocí, al menos directamente, pero conozco a su... "esposo", aunque a estas alturas ya sabes que ella no estaba casada-

Héctor se levanto del asiento -¿Entonces está aquí? dígamelo es importante el debe ser el asesino-

-Tranquilo, siéntate, si, esta en México y si es el asesino, pero no podes hacer nada, el próximo en la mira sos vos, como no pudo culparte, va a intentar vengarse de otra forma por haberle sacado a Antia-

-Pues llamamos a la policía y fiesta.- Héctor cogió su móvil para llamar al hombre que lo había metido injustamente en la cárcel.

-Ea, ea- dijo deteniéndolo con su mano - ¿Pensas que si fuera tan simple no lo hubiera hecho? si haces eso, lo mas probable es que termines viendo crecer las flores desde abajo, Aníia tenia razón en tenerle miedo a ese tipo-

Héctor se sentó -Está bien cuéntame que sabes del asesino-

-En primer lugar, no tiene nada que ver con ninguna organización terrorista, eso fue otro cuento de Antia, uno para disuadirte de que intentaras algo-

-Si eso es cierto aunque no entiendo porque me mentía- Héctor rió -hasta que punto me tuvo engañado, es increíble, tu les das todo tu amor y ellas te engañan a la primera de cambio- dijo soltando un bufido -pero continúe cuénteme más sobre ese personaje-

-No podía hacer otra cosa, créeme, yo en su lugar me hubiera ido y te hubiera dejado a tu suerte- dijo con sinceridad- hizo lo mejor que podía hacer creo yo, aunque al final aquí cometieron muchos errores, llamaron demasiado la atención-

-Ya veo, en lo de llamar la atención es mi culpa pero no sabía que fuese tan peligroso, pero contésteme ¿quién es ese hombre como para temerle tanto?- le preguntó mientras se acababa la copa de whisky.

Los párpados de Héctor de pronto parecieron cargados de plomo, era imposible mantener sus ojos abiertos, una sensación de cansancio general le asalto como un rayo, el mundo a su alrededor se esfumaba y deformaba de forma vertiginosa.

-Oh.. buf ¿qué me pasa? de repente... no maldito hijo de pu...- no pudo acabar la frase desplomándose en el suelo.

Sueños extraños le asaltaron en su inconsciencia, retorcidas pesadillas que creyó le robarían su vida, sus fuerzas aprecian abandonarle y un fío que calaba los huesos se apoderaba de él poco a poco. La vorágine de imágenes sin sentido no se detenía y un dolor en su pecho le enloquecía amenazando con arrojarlo al abismo de la misma locura. Un ansia furiosa comenzó a nacer dentro de si, insaciable e irrefrenable un hambre atronador empezó a consumirle, enloqueciéndole mas y mas. Ahora podía sentirlo todo, su piel era una extraña sensación, era estéril, pero podía sentir las mas minúsculas cosas que pasaban sobre ella. Los ojos le dolían, sus oídos le zumbaban y en su boca había un sabor sanguinolento y una pastosa sensación. Hasta que por un segundo todo pareció detenerse, todo se esfumo y ante sus ojos la nada misma ¿había muerto? parpadeo, y cuando sus ojos volvieron a abrirse, frente a él, una figura apareció, era Antia, Antia que llevaba a su bebe en sus brazos.
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Augusto Cartago
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MensajeTema: Re: El Anochecer   Dom Nov 04, 2007 7:49 pm

cuando sus ojos volvieron a abrirse, frente a él, una figura apareció, era Antia, Antia que llevaba a su bebe en sus brazos.

"Vaya esto como en las películas" Héctor quiso dirigirse hacía Antía -Hola cariño, ya ves te echaba de menos y dije "que demonios voy a hacer que me envenen"- le dijo con una sonrisa y se dispuso a abrazarla.

Antia no sonrió y entonces el bebe comenzó a llorar, ella dio un paso atrás impidiendo siquiera rozarla - Ya no puedes estar con nosotras Héctor, tu hiciste esto, ahora por tu soberbia, estarás solo- Antia cerro los ojos y apretó los dientes tratando de no llorar - Yo te amaba ¿por que tuviste que hacer esto?- dio otro paso para tras - adiós Héctor, para siempre-

-Pero Antía- Héctor intentó avanzar -Yo también te quiero y no hice nada, es cierto que cometí errores perdóname, sólo quería lo mejor para los tres- le dijo.

Antia no hablo más, siguió avanzando hacia atrás siempre mirando hacia Héctor, con los ojos llenos de lágrimas, entonces el dolor volvió a aparecer, el hambre voraz, Héctor despertó, en una habitación desconocida y vacía.

Héctor se levantó y se dirigió a la puerta necesitaba salir de ahí y buscar algo que le saciase el hambre, un hambre que jamás había experimentado.

La puerta estaba cerrada, Héctor empezó a golpearla , cada vez con más ansiedad, el hambre lo devoraba por dentro, alimentándose de su cordura. Intentó derribar la puerta Héctor comenzó a forcejear y de golpe, del otro lado, abrieron al puerta, en el umbral la figura de aquel hombre que había ido a visitar apareció.

-Que me has hecho- le dijo jadeando.

-Te estoy ayudando, salve tu vida dos veces al precio de una ¿no te parece bien?- dijo entrando con tranquilidad buscando una silla para sentarse.

-¿Mi vida dos veces? ¿qué quieres decir? seguro que tu mataste a Antía, tienes suerte de que me encuentre fatal porque te arrancaría el pescuezo. Maldito cabrón que le echaste al whisky, me encuentro mal-

-Yo no mate a Antia, y te acabo de convertir en mi propiedad, con lo cual, el asesino de Antia no va a poder tocarte sin tener serios problemas políticos y diplomáticos, y de paso te salve de esa enfermedad de la vejez, mira, tanto que te reías de la piedra filosofal y fuiste a encontrar la vida eterna-

A pesar de lo mal que se encontraba Héctor no pudo reprimir una sonora carcajada. -Estás de siquiatra chaval- se levantó y se dispuso a irse. Al pasar a su lado se detuvo -de tu propiedad dijiste, anda y vete a sodomizar a otro-

-Siéntate- dijo mirándolo fijamente a los ojos, atravesándolo con la mirada, una mirada imposible de eludir que amedrentaría al mas estoico.

Héctor se sentó a pesar de que no quería hacerlo sus músculos no le obedecieron, era la primera vez que no se sentía dueño de su cuerpo.

-Ahora vas a escucharme, porque sino, voy a dejar que te pudras al sol de la mañana ¿entendido?- dijo con seriedad, sin la habitual amabilidad y cordialidad en su tono de voz.

A pesar de que quería hablar Héctor se quedó callado a la espera de que hablase el misterioso Víctor Alberti.

-Voy a hacer esto rápido, soy un hombre ocupado y no me gusta perder el tiempo, hay mucho por hacer con vos, así que mientras mas rápido nos saquemos de encima esto, mejor- dijo mirándolo a los ojos- doy por descontado que no crees en cosas tales como los vampiros, así que pasemos a los hechos ¿porque no te pone suna mano en el pecho buscando sentir tus latidos?-

Héctor obedeció, se buscó el pulso en vano no lo daba encontrado -Es imposible no lo encuentro- le dijo con cierto nerviosismo.

-Ni lo vas a encontrar, estas clínicamente muerto, prueba numero 1 de que eres un vampiro- dijo levantando el índice derecho - prueba numero dos- abrió la boca y extendió sus caninos, convirtiéndolos en unos imponente colmillos.

-Joder- Héctor de un salto se levantó de la silla y se fue contra una esquina de la habitación, estaba realmente aterrado.

La reacción de terror de Héctor causó cierta gracia al vástago que esbozo una leve sonrisa y habiendo levantado ya su pulgar y su índice levanto el dedo medio - Prueba numero 3, anhelas la sangre- dijo mordiéndose la muñeca y dejando al sangre brotar, sangre que lleno con su aroma el lugar y las fosas nasales de Héctor haciéndolo retorcerse del hambre.

Al ver la sangre, Héctor sintió todavía más hambre, no podía creer que quisiera beber la sangre de ese hombre pero realmente le parecía irresistible a gatas y lentamente se acercó hasta su muñeca, se la cogió dubitativo pero también con anhelo ya que era lo que más deseaba y eso le perturbaba, y al final decidió beber el líquido de la vida.

La sangre brotaba por al herida y caía en las fauces de Héctor alimentándole a él y a su oscuro placer, era néctar, ambrosia divina, jamás sus labios habían sentido tal dulzor, entonces Víctor alejo su muñeca y le obligo a detenerse - Es suficiente –

-No por favor más quiero más- le suplico -nunca había probado algo tan sabroso-

-No, es suficiente...por ahora- dijo con firmeza, aunque el hambre que tenia Héctor seguía rugiendo, como una bestia enloquecida que clamaba por mas- aprender a controlarte es algo fundamental, mira- dijo levantando la muñeca que se había cortado que parecía nunca haber sido tocada siquiera - ¿ves alguna marca?-

-No, ninguna- Héctor empezaba a creer al extraño ser, intentaba recordar lo que sabía de los vampiros, la luz del sol, las cruces y por supuesto los ajos, con lo que le encantaban a Héctor los ajos en las comidas.

-¿Necesitas alguna otra prueba? creo que con esto es suficiente...-

-Pero ¿qué será ahora de mi? como voy a hacer el trabajo, la vida diaria. Se supone que durante el día no puedo estar en la calle-

-Ah no ser que quieras convertirte en una pira andante y posteriormente un montón de cenizas, no no podrás, pero tranquilo, la vida nocturna tiene grandes ventajas, las puertas de un nuevo mundo se te abren-

-Tu me ayudaras ¿no?, me has de contar todo sobre mi nueva situación-

-Por supuesto- dijo esbozando una sonrisa - no podría dejar a mi hijo a tientas frente a ala adversidad-

"Su hijo, realmente este tipo esta como un cencerro" -Ok gracias por todo ahora creo que va siendo hora de que me vaya a casa, se me hace tarde y mañana trabajo-

-Bueno, tu casa, por un tiempo al menos, va a ser esta, tienes mucho que aprender y no me olvido de lo que te prometí, voy a contarte todo sobre el que mato a Antia-

-Muy bien vale, la verdad creo que lo que me has hecho es hipnotizarme o algo así o mejor una cámara oculta a ver donde esta- Héctor se puso a buscarla como un poseso. En un momento decidió tocarse la boca, si era un vampiro debería tener colmillos.

Víctor suspiro - Nunca pueden ser tan simples las cosas, siempre hay que perder el tiempo- dijo observándolo - si buscas tus colmillos, debes concentrarte para que crezcan-

Héctor a pesar de sentirse ridículo se concentró, arrugo la frente por el esfuerzo de concentrarse mientras se imaginaba unos colmillos saliendo.

Y cuando parecía que nada iba a ocurrir, pudo sentir los caninos alargarse, crecer fuera de su proporción.
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